La valoración clínica del hipo

Una de los recuerdos de mi etapa formativa y que jamás olvidaré es la expresión de mi tutor cuando fue requerido por un motivo tan nimio como la aparición de hipo en un paciente «¡Nada bueno! Ya verá, nada bueno», comentó. Este fenómeno reflejo que puede parecer intrascendente se debe a una contracción súbita y violenta del diafragma, en ocasiones unilateral, provocada por la excitación del nervio frénico o del neumogástrico, originando un descenso brusco de la cúpula diafragmática y un espasmo laríngeo simultáneo con la emisión de un sonido agudo. El nervio frénico procede del plexo cervical y recibe impulsos de origen encefálico a través de las fibras sensitivas de la región toracoabdominal. Se debe distinguir entre las crisis pasajeras y el hipo benigno del lactante de las formas duraderas e irreductibles que deben ser consideradas de origen orgánico hasta que no se demuestre lo contrario.

El hipo puede tener un origen central, periférico o reflejo. En el primer caso se debe a la irritación del sistema nervioso (cerebro o médula por encima de la cuarta vértebra cervical) y se da principalmente en la hipertensión intracraneal por tumores, ictus o hidrocefalia, o bien en procesos inflamatorios como encefalitis o meningitis (tuberculosa sobre todo). Pueden originar también hipo central la epilepsia, las intoxicaciones (alcohol, uremia) y el coma diabético. Causas menos frecuentes son la hipoglucemia, la fiebre tifoidea, diarreas, paludismo, estados de consunción y el empleo de eméticos. Cuando no se consigue encontrar la etiología se debe pensar en una lesión extrapiramidal o bulbar.

El hipo periférico es consecuencia de la excitación del frénico a nivel del cuello o del tórax. Las causas de localización mediastínica pueden ser diversas, como un tumor bronquial (mi tutor tenía buen ojo clínico, aquel paciente padecía un tumor bronquial) o esofágico, una adenopatía tuberculosa, leucemia, linfogranulomatosis, linfosarcoma, bocio retroesternal, tumor tímico, mediastinitis e incluso un divertículo esófágico. Una hernia de hiato puede provocar también un hipo pertinaz y violento. Finalmente no se debe olvidar el aneurisma de aorta, un posible infarto de miocardio, una pericarditis, o una alteración de localización vertebral.

En el hipo reflejo la causa reside en el abdomen como es el caso de peritonitis (sobre todo la de localización alta), abscesos subfrénicos, infección de vías biliares, pancreatitis e íleos. En atención primaria solemos ver más a menudo el llamado hipo pasajero u ocasional, sobre todo en niños de muy corta edad, en el que la regulación neurovegetativa es todavía frágil. En el lactante puede aparecer incluso al desnudarlo y se da también un hipo posprandial, que como en el del niño pequeño se debe a la expansión gástrica provocada por el aire deglutido (la sabia práctica materna del «eructo provocado» lo elimina) En el adulto, la aparición habitual de crisis transitorias de hipo puede ser un indicio de trastornos neurovegetativos e incluso psicopáticos, aunque la ingestión de alcohol o de bebidas gaseosas y la repleción gástrica sean las causas más frecuentes.

Es obvio que el tratamiento del hipo debe ser causal, pero si es ocasional o no puede determinarse su origen habiendo descartado ya las causas orgánicas comentadas, una de las maniobras más tradicionales es la de contener la respiración después de una inspiración profunda. También es eficaz la inspiración de aire fresco, de oxígeno o de anhídrido carbónico al respirar con una bolsa sobre la boca y las fosas nasales. Otra de las maniobras empleadas consiste en tragar algún líquido para poner en reposo la musculatura respiratoria. En algunos casos se puede interrumpir el reflejo provocando otro de naturaleza diferente, como el cosquilleo nasal o la compresión de la garganta, originando en cada caso un estornudo o un leve espasmo de glotis. Finalmente, cabe la posibilidad de actuar directamente sobre el nervio frénico, comprimiéndolo a nivel de la inserción baja del músculo esternocleidomastoideo o bien infiltrándolo con una solución anestésica a la altura de C3-C5 ó D8. En los casos de hipo persistente (sin causa) lo más indicado es actuar sobre el centro responsable. Si se debe a irritación del sistema nervioso central, se utilizará en primer lugar fenobarbital. En los casos de hipo muy intenso y prolongado se podrá recurrir a la clorpromacina o la triflupromacina, e incluso a la petidina en inyección intravenosa lenta, indicada sobre todo en las formas abdominales. Por último, en los casos extremos habrá que considerar la conveniencia de realizar una frenectomía uni o bilateral.

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Médico de Familia. Adjunta Urgencias Hospitalarias. Hospital Ernest Lluch . Calatayud (Zaragoza)

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