Considerar el lavado gástrico en situaciones de intoxicación aguda

Las intoxicaciones agudas representan entre un 0,5 y un 2% de los motivos de asistencia urgente. El paciente intoxicado requiere soporte vital, un tratamiento general de la intoxicación y un tratamiento específico (administración de antídotos).

Dentro del tratamiento general estarían las medidas para neutralizar la absorción del tóxico y a favorecer su eliminación. Dado que la vía de entrada más frecuente es la digestiva disminuir su absorción se puede conseguir con eméticos, lavado gástrico, administración de carbón activado y el lavado intestinal total. De los comentados, el lavado gástrico es un procedimiento controvertido, que no está justificado de forma sistemática y que en caso de hacerlo exige una técnica correcta para minimizar sus posibles complicaciones. Se trata de colocar un tubo orogástrico con el fin de aspirar y administrar pequeñas cantidades de líquido para evacuar el contenido del estómago de forma inmediata (los eméticos tardan un tiempo en actuar). El tiempo que puede demorarse su realización no debe ser mayor de 60 minutos.

La indicación del lavado gástrico dependerá de la toxicidad de la sustancia ingerida, de la cantidad de la misma, del tiempo transcurrido desde la ingestión y del estado clínico del paciente. Debería reservarse para intoxicaciones que pongan en peligro la vida y evitar el lavado «punitivo» en intoxicaciones leves. No se debe realizar en pacientes que ya han vomitado espontáneamente y está contraindicado en las intoxicaciones por sustancias corrosivas porque se pueden provocar lesiones esofágicas. Tampoco en las ingestiones de hidrocarburos (posibilidad de aspiración) y cuando existan alteraciones anatómicas, como las estenosis esofágicas, o cuando hay riesgos de hemorragias digestivas o perforaciones gastrointestinales debidas a cirugía reciente u otras condiciones patológicas. Está totalmente contraindicado en pacientes con deterioro del nivel de conciencia o en intoxicaciones con riesgo de convulsiones, a no ser que previamente se realice una intubación endotraqueal (si el paciente se muestra agresivo y se considera ineludible es necesario intubarlo). Dado que el etanol se absorbe rápidamente, en las intoxicaciones etílicas, no debería indicarse a excepción de que haya transcurrido menos de media hora desde la ingesta.

Aunque escasas, las complicaciones van desde leves erosiones de tracto digestivo hasta, más raramente, hemorragias digestivas altas e incluso perforaciones esofágicas. La aspiración de material de origen digestivo puede producir neumonías e insuficiencias respiratorias graves. Más raramente están descritos espasmos laríngeos. Asimismo, se origina un estimulo vagal, viéndose bradicardias o extrasístoles en el electrocardiograma.

Aunque no se ha demostrado en todos los casos su eficacia clínica, aprovechando la maniobra pueden utilizarse sustancias específicas para la neutralización de lo ingerido Por ejemplo, almidón en la intoxicación por yodo (una bolsa de 10 g por cada 100 mL de agua); gluconato cálcico, carbonato cálcico, antiácidos con magnesio o incluso leche en intoxicaciones por fluoruros o ácido oxálico (se forman complejos inabsorbibles), y permanganato potásico o peróxido de hidrógeno (agua oxigenada al 2%) en las intoxicaciones por fósforo amarillo (se convierte en óxidos menos peligroso). En las ingestiones masivas de hierro se aconseja añadir 50 mEq de bicarbonato sódico por cada litro de líquido para el lavado (se forman sales no solubles de carbonato ferroso).

En resumen el lavado gástrico es una maniobra no exenta de polémica, que no se debe emplear de forma rutinaria, sino que sólo está indicado en las intoxicaciones agudas graves, con peligro potencial para el paciente, cuando el tiempo transcurrido desde la ingestión es menor de una hora. Está contraindicado en intoxicaciones por sustancias cáusticas o por hidrocarburos y si existen antecedentes de lesiones esofágicas. Cuando el paciente sufre una alteración del nivel de conciencia debe intubarse previamente. Las complicaciones son muy improbables si se realiza de forma adecuada.

 

Bibliografía

Bugarín González R, Galego Feal P, Martínez Rodríguez JB y García Quintáns A. El lavado gástrico. Medicina Integral, noviembre 2001; 38(9).

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Médico de Familia. Adjunta Urgencias Hospitalarias. Hospital Ernest Lluch . Calatayud (Zaragoza)

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