Y mi médico se jubila

7DM883 opinionMi médico, el de siempre, casi 30 años con él, me dice que se va a jubilar y que lo hace dos años antes de los 65. «¡Claro! –le dije–. Con lo que gana ya habrá ahorrado suficiente».

Y ésa fue la primera vez que adiviné en su cara un rictus de enfado. Abrió el cajón derecho de la mesa y sacó una hoja. Era su nómina. Con dedicación exclusiva, 38 años de antigüedad, 12 trienios, sin poder matarse haciendo guardias para aumentar el sueldo; tras una larga carrera, un doctorado, un MIR y dos oposiciones nacionales; y trabajando de 8,30 a 15 horas; menos los martes, que se debe quedar hasta las seis… Pues 3.100 euros en mano.

No parecía mucho. Bueno, no es un mal sueldo y para mí lo querría, pero con la responsabilidad que se le exige y viendo lo que otros ganan sin hacer gran cosa, pensé que estaba mal pagado. Además, y curiosamente, su sueldo base era de mil euros y lo demás complementos, con lo que en la paga extra no se computaban. Le devolví la nómina y comenté: «¿Le quedará buena pensión, no?». Me relató que después de cotizar al máximo nivel y por jubilarse dos años antes le iban a quedar 2.000 euros netos.

Un silencio tenso mientras arreglaba mi cartilla me hizo estar torpe otra vez: «Es que debería haberse casado con una médico», le dije. Ahora no se ofendió; me contó que así lo había hecho, pero que su mujer optó por cuidar a los hijos. «¿Por qué cree usted que se mantiene este sistema de mala retribución a los médicos?», me interpeló. «¡Pues por la endogamia!» “El sueldo es parco pero siendo seguro, se casan dos sanitarios y el de uno para vivir y el otro para pagar la hipoteca».

Le di la razón y me atreví a comentarle que si le iban a restar pensión que esperara a jubilarse a los 65 como todos y perdería menos. Don Julio me cogió la mano, cruzó otra vez su mirada con la mía y dijo: «Me jubilo porque ya no siento nada frente a vosotros, porque ya no vibro con vuestro dolor o infortunio, porque antes iba a veros al hospital cuando os ingresaban y ahora ya no me importáis; porque hasta miraba las esquelas el fin de semana por si acaso alguno de vosotros había fallecido. Por eso me jubilo, porque he dejado de querer ser médico. He dado mi juventud y casi toda mi vida para estudiar y estar al día, he pasado angustias, he visto el dolor, he sufrido vuestros pesares como si fueran míos y ahora estoy cansado. No me arrepiento de lo hecho, pero no volvería a ser médico».

Don Julio miró a la pantalla, cerró mi historia y sin casi despedirme salí con la cartilla, que era lo que había ido a buscar. Luego pensé que si don Julio se iba, otro vendría.

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Médico de Familia

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