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¿Podemos cambiar la sanidad?

Estoy escribiendo estas líneas desde Dublín donde he sido invitado por la red de emprendedores sociales ASHOKA, de la que formo parte, a un evento denominado Change Nation (www.changenation.org). La iniciativa consiste en invitar a Irlanda a 50 emprendedores sociales para ver durante tres días si sus proyectos son transferibles a ese país. En mi caso están atraídos por las ideas del Foro Español de Pacientes y de la Universidad de Pacientes, que últimamente encuentran más eco fuera que dentro de nuestro país, lo que hace pensar sobre la idiosincrasia de nuestro localismo... El mensaje resuena de forma clara en el auditorio: a Irlanda le importan las personas y no quieren crear una sociedad dividida en insiders versus outsiders. Nos lo dice el primer ministro, la expresidenta Mary Robinson y los principales empresarios del país. Tomo nota.

La idea general se fundamenta en tres principios. El primero es definir la realidad tal y como es, no tal y como nos gustaría que fuera. Imaginarse una sociedad alejada de la realidad cotidiana ha sido uno de los rasgos recientes de la burbujeante política y la sociedad españolas. El segundo principio, una vez conocida la realidad, es hacer algo para mejorarla. Los organizadores insisten en la diferencia existente entre hacer algo y hablar de que vamos a hacer algo. En la sanidad española durante muchos años se ha hablado más de hacer que cosas relevantes se han hecho. Un ejemplo de ello lo constituye algunos proyectos de TICs en salud que comienzan a ser conocidos en el sector con el apodo de proyectos Sagrada Familia, porque se sabe cuándo comienzan pero nunca cuando acaban, si es que se acaban. A ello se unen los denominados proyectos pilotos, cuya evanescencia en el tiempo constituye su principal signo de identidad. La fórmula irlandesa para hacer las cosas bien consiste en: simplificar la complejidad. El tercer principio de Change Nation es enfréntate a la crisis, con coraje, decisión e inteligencia. Este ha sido uno de los grandes errores cometidos en España, donde las resistencias al reconocimiento y a la profundidad de la crisis, más cerca de una depresión que de una recesión económica, fueron justificadas con los términos de desaceleración o brote verdes y han sido sustituidas por las políticas que proclaman el miedo y la culpabilidad. Para superar una crisis se necesita abrir las puertas al talento y a las nuevas ideas, que en la mayoría de los casos están conformados por personas bien formadas y menores de 35 años. Son los mismos que en España empiezan a formar parte de una generación perdida o penalizada con salarios bajos, porque aquí resulta aún más fácil tomar medidas de austeridad dirigidas por el politburó germano que favorecer proyectos de cambio social y renovación intelectual. Además de una generación perdida habrá otra fracasada, debido a su tenaz resistencia a dar paso a nuevas ideas y su negligencia ante las causas y personas que causaron y aceleraron la crisis.

Entre los diferentes proyectos presentados destacan, aparte de los de salud, aquellos relacionados con la búsqueda de nuevas maneras de financiación y los que promueven la participación cívica. Ello pone de manifiesto cómo las nuevas generaciones empiezan a poner en duda la relevancia de los bancos y las limitaciones de la democracia basada en los intereses de los partidos políticos. Algún día alguien nos explicará cómo el todopoderoso BCE puede prestar a los bancos dinero al 1% y éstos prestárselo a los gobiernos al 5% mediante la compra de deuda soberana. Para ello los emprendedores consideran la formación de cooperativas bancarias autosostenibles, la extensión de los microcréditos o la imposición fiscal a las cosas en lugar de a las personas. Lo que parece claro es que el mundo cambia y en sanidad quizá convenga plantearse seriamente la introducción de innovaciones disruptivas que consigan mejorar el acceso a prestaciones de calidad sin incrementar los costes. Convertir a los médicos de atención primaria en especialistas en enfermedades específicas creando comunidades profesionales de conocimiento y experiencias compartidas, desarrollar servicios online y presenciales de atención sanitaria con costes disminuidos o la formación de pacientes en el autocuidado, son algunos de los ejemplos de innovaciones sanitarias que se compartieron en Irlanda. Fue una buena manera de destapar la eclosión del talento.

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Albert Jovell

Presidente del Foro Español de Pacientes  †2013

 

 

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