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Los límites de la austeridad

La situación política actual es compleja de entender. Es verdad que estamos en medio de una profunda crisis económica pero, sobre todo, estamos inmersos en una crisis de la democracia que afecta los puntos de anclaje del modelo de sociedad del bienestar en el que hemos deseado vivir. El desenfreno con el que se desarrollan los acontecimientos nos obliga a retomar desde lo local el control del mando a distancia y a reformular las bases de un modelo social que permita garantizar que las decisiones que se vayan a tomar preserven el más poderoso de nuestros valores: la dignidad humana. La democracia tiene que mandar sobre los mercados.

Para poder afrontar la complejidad hay que desmitificar y simplificar algunos de los argumentos que nutren el pensamiento único vigente en la actualidad. En primer lugar, si bien es verdad, que nuestro país está pagando el precio de una burbuja inmobiliaria, también lo es que el Banco de España y el sistema bancario han fracasado en la prevención de la misma y deberían rendir cuentas a la sociedad sobre sus actuaciones en los últimos años. También ha fracasado la política en su misión de control de la situación pasada y de la burbuja financiera actual. Las políticas de austeridad que se nos proponen para solucionar la crisis tienen un suelo al que, posiblemente, ya se ha llegado y traspasar el mismo puede suponer tres consecuencias indeseables en sanidad: mayor desigualdad, gran desmotivación profesional y más carga de enfermedad grave en los próximos años. En segundo lugar, resulta ofensivo para profesionales y pacientes, plantear una visión de que los pacientes abusan de los servicios de salud. Los pacientes utilizan los servicios públicos de salud que les prescriben los profesionales y, cualquier disfunción al respecto, deber ser corregida por los propios profesionales, a los que se ha de legitimar para que puedan tomar decisiones relativas al uso apropiado de la sanidad.

Un tercer mito a tener en cuenta es la idea de que las crisis son oportunidades. El sentido común nos dice que es en las épocas de bonanza económica, cuando el dinero fluye, donde se deben producir un mayor número de oportunidades. La situación actual genera miedo e incertidumbre, lo que dificulta encontrar interlocutores dispuestos a invertir en proyectos sociales. De hecho, la gran oportunidad de una crisis es poder visualizar quienes están comprometidos socialmente con las poblaciones vulnerables, la defensa de la dignidad humana, la sanidad pública como correctora de desigualdades, la deliberación democrática y el modelo de Estado del bienestar que aún tenemos. No ver que las políticas de austeridad extrema dañan la emergencia de la sanidad como un sector generador de valor que promueve crecimiento y redistribución económica supone un freno a la cadena de innovación y desarrollo.

Pensar que la economía española va a salir de esta crisis gracias a la innovación y a las PYMES, en el contexto de un mundo globalizado donde las economías de escala favorecen a la gran empresa y donde las pocas multinacionales que tenemos cada vez son menos nacionales, es, en ausencia de un proyecto específico, plan de negocios en su lenguaje, un verdadero brindis al sol. La salida de la crisis pasa por ser capaces de ofrecer al mundo una calidad excelente en turismo, en educación superior y en servicios sanitarios y sociales. Para ello hay que invertir en esos sectores y, si el dinero no llega para hacer las reformas necesarias, quizá tengamos que recuperar la soberanía monetaria para evitar el riesgo de perder la democrática.

Finalmente, cuando se dice que las cosas no van a poder ser como eran antes se debe tener la cautela de explicar con detalle de que se está hablando y, sobre todo, la política debe someter su plan de austeridad a la deliberación democrática, bien sea mediante su inclusión en un programa electoral o su consideración en un debate parlamentario. Cuando la política pierde el respeto a sí misma y a la democracia, los mercados deciden sustituir a los políticos elegidos democráticamente por antiguos trabajadores de sus empresas financieras. Estos, con un retiro dorado asegurado, aplican políticas de austeridad que generan mayor desigualdad y una vulnerabilidad inducida que requiere más protección social. Y es en esa situación en la que abunda la necesidad cuando la sanidad adquiere una mayor relevancia social. Austeridad nunca ha sido sinónimo de oportunidad.

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Albert Jovell

Presidente del Foro Español de Pacientes  †2013

 

 

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