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Feliz aniversario

Se cumplen 20 años de la publicación del Informe y Recomendaciones de la Comisión para la Revisión del Sistema Nacional de Salud, más conocido como Informe Abril Martorell por el nombre de quien fue presidente de la Comisión.

El Informe fue uno de los intentos más serios y notables para la transformación del sistema sanitario español y a pesar de que la Comisión fue creada por consenso entre los partidos políticos del Congreso, y que contó con una muy amplia participación de expertos, el informe final fue muy criticado y se desechó como protocolo para la reforma del sistema sanitario. En definitiva, el Informe fue relegado, ninguna de sus 64 recomendaciones para la reforma del sistema sanitario llegó a implantarse pero, a pesar de ello, su influencia ulterior ha sido formidable.

No deja de ser curioso revisar las razones que justificaron la creación de la Comisión, que ciertamente podrían suscribirse en la actualidad: «crecientes tensiones económicas derivadas del imparable aumento de los gastos sanitarios, profundas mutaciones demográficas, nuevas actitudes sociales y la presión incesante del acelerado progreso técnico-médico demandan en todo el mundo la revisión y transformación de los actuales sistemas de asistencia sanitaria. Ninguno, cualesquiera que sea su estructura, su financiación, su ámbito y sus características, es capaz de resistir las sacudidas producidas por este torrente de tendencias.»

Ciertamente 20 años no pasan en balde. Algunas de las 64 recomendaciones del Informe han perdido su vigencia, debido a la culminación del proceso de transferencias a las comunidades autónomas o superadas por las propias transformaciones del sistema de salud. Otras inciden en cuestiones cruciales, pero más que recomendaciones parecen una relación de buenos deseos sin mayores consideraciones. Pero tanto la parte más conceptual del Informe (recogida en el capítulo Bases para la Reforma) como la gran mayoría de las 64 Recomendaciones siguen manteniendo en líneas generales una vigencia plena e inciden directamente en el debate actual: desde la necesidad de potenciar el Consejo Interterritorial, a la separación de funciones de financiación y provisión, pasando por la autonomía financiera y patrimonial de hospitales y centros de salud convertidos en sociedades estatales, la aplicación de la legislación laboral en sustitución del estatuto de personal, la participación en el pago de los usuarios o la necesidad de evaluar las nuevas tecnologías médicas, por citar sólo algunas de ellas.

Parece pues que la realidad sigue siendo tozuda. En todos los debates y propuestas de reforma del sistema de salud buena parte de la letra y de la música del Informe Abril Martorell, al que hace 20 años se hizo caso omiso, sigue estando presente. ¿Qué hubiera pasado si en su momento se hubieran aplicado las recomendaciones de la Comisión? Obviamente es imposible saberlo, pero parece lógico pensar que de haberse aplicado algunas recomendaciones no estaríamos debatiendo sobre las mismas cuestiones 20 años más tarde, con la diferencia de que en la actualidad los problemas se han acrecentado de un modo exponencial. El gasto sanitario crece más de lo que lo hace la economía y aún más en el contexto actual de crisis, la población ha envejecido, España es el país de Europa con una mayor proporción de población inmigrante, los ciudadanos no parecen dispuestos a contribuir económicamente para sostener un sistema sanitario muy bien valorado y difícilmente se va a poder sostener un sistema de salud de «barra libre» que incluye las últimas innovaciones. En estos 20 años el sistema de salud ha mejorado la calidad de la asistencia, pero su administración no ha evolucionado de un modo acorde. Se ha acrecentado la rigidez y la burocratización de los procedimientos administrativos, la colonización política de los cargos directivos, la opacidad en la rendición de cuentas, la ausencia de evaluación (de tecnologías o procedimientos), por no mencionar la corrupción política o la ausencia de un buen gobierno, como señalan Meneu y Ortún en una brillante aportación1.

Parece que como sociedad tenemos algunas dificultades para transformar y modificar al sector sanitario en particular y al sector público en general, y sin cambios en profundidad quizá no vamos a poder sostener el sistema sanitario ni mantener su excelencia. Cambiar es pedalear y avanzar, pero oponerse a los cambios además de detenerse puede suponer el riesgo de caerse de la bicicleta. Las experiencias anteriores no invitan precisamente al optimismo, de modo que cuando se cumplen 20 años de la publicación del Informe Abril Martorell, de lo que pudo haber sido y no fue, poco nos queda más que celebrar tan señalado aniversario. ¡Muchas felicidades!

 

Bibliografía

1. Meneu R, Ortún V. Transparencia y buen gobierno en sanidad. También para salir de la crisis. Gaceta Sanitaria 2011; 25(4): 333-338.

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