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¿Mentiroso o anestesiado?

Acudió un desplazado a la consulta del centro de salud. Era un hombre de cincuenta y cinco años quejándose de dolor intenso en la muñeca iz­quierda desde varias horas antes. Venía de Galicia a ver a la familia y relató que hacía unos quince días comenzó a notar inflamación de carácter intermitente en las articulaciones distales en espe­cial en la primera metatarsofalángica. 

Al explorarlo la muñeca estaba enrojecida, moderadamente aumentada de volumen pero no defor­mada; y existía una equimosis extensa. La palpación originaba  dolor  principalmen­te sobre la articulación radiocarpiana. El paciente no refirió existencia de traumatismo en la articulación pero sí haber presentado una crisis de gota con anterioridad. Diagnostiqué una artritis gotosa aguda y como el pa­ciente no hizo mención de ninguna otra enfermedad intercurrente ni de alergias le receté un tratamiento con AINE, colquicina y solicité una analítica. Una semana después la recibí y salvo una ligera hiperuricemia el resto era normal. Sin embargo el hombre seguía quejándose de la muñeca y ahora se observaba que el hematoma se había convertido ya en “biliverdina” Además se observaba una desviación más pronunciada del radio distal. Solicité una radiografía preferente y el radiólogo me llamó porque resultó que la lesión se de­bía a una fractura de Colles. Abronqué (suave y respetuosamente) al hombre y éste reconoció que a lo mejor se había caído en estado de embriaguez pero, juró de nuevo, que no le había dolido.

Comentarios del remitente: El fallo no me hizo sufrir mucho pero me recalqué (y también al residente) que la sangre subcutánea sale de algún sitio y que en las zonas cercanas al hueso sale de los vasos que pasan por los canales de Havers. Por otro lado la localización del dolor en la proximidad de la interlínea articular tiene que llamar también la atención sobre las estructuras óseas más que sobre la articulación propiamente dicha. Finalmente no se trata de gastar y gastar pero tampoco de ser cicatero. Cuando una articulación sufre un pro­ceso inflamatorio agudo, sobre todo si se trata de un paciente desconocido y no pueden precisarse sus antecedentes, se impone hacer una radiografía. Si la hubiera solicitado hubiera descubierto al “mentiroso” aunque ¿de verdad mintió para ocultar su estado de embriaguez? ¿O tal vez lo había olvidado a causa de la embriaguez?

Extraído de: Algunos erores médicos propios y ajenos para aprender y meditar. Recopilador: M. Blasco Valle. Editado por GOPAr Grupo de Osteoporosis Aragón. Zaragoza 

 

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