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No culpo al titular, pero no me ha vuelto a llamar para hacerle suplencias

Hace tiempo, las vacaciones o bajas por enfermedad las hacía el que era elegido por el “dueño” titular de la plaza. Con la venida de la democracia se estructuraron las suplencias de forma que hubiera igualdad de oportunidades (al menos en teoría). Lo que refiero fue de la primera época. 

Resulta que un hombre de unos 50 años, fumador empedernido (compulsivo que es más fino) acudía a la consulta del doctor X por presentar dolor lumbar que irradiaba hacia la nalga derecha. Don X le puso un tratamiento analgésico, un relajante muscular y unas inyecciones de vitaminas del grupo B. Como la situación no mejoraba lo derivó al neurólogo, el cual realizó un estudio completo (incluida electromiografía) Todos los exámenes dieron resultado negativo y, a pesar de diferentes tratamientos mantenidos durante dos años, la lumbalgia conti¬nuó hasta que tanto don X como la familia acabaron consi¬derando al enfermo como un “neu¬rótico”. Durante las vacaciones de don X lo sustituí y el paciente acudió de nuevo a la consulta. Revisé el historial y vi que los anti¬guos dolores se habían transformado en una especie de calambre muy doloro¬so a nivel de la nalga, siempre provocado por la marcha cediendo con el reposo. Lo mandé a vascular y una angiografía confirmó la obliteración parcial de la arteria ilíaca interna derecha. Se le practicó la oportuna intervención quirúrgica, con un post¬operatorio sin complicaciones y un resultado funcional excelente. Cuando volvió el titular el paciente no lo trató bien. Me puso de ejemplo de buen médico. Y don X no me llamó más para sustituirlo…

Comentario del remitente: ¿Debí haber dejado la cosa como estaba? No, claro que no. Es broma. No hay ningún mérito, es sólo que cuando se mira siempre lo mismo se acaba sin ver nada. En el presente caso, el equívoco se ha mantenido durante mucho tiempo por culpa de un interrogatorio insuficiente, ya que clínicamente, es en efecto cierto que la somatización representaba el diagnóstico más proba¬ble después del resultado negativo de los exámenes reumatológico y neurológico. Yo aprendí que, en presencia de un calambre muscular doloroso que so¬breviene con el esfuerzo y desaparece en reposo, debe pensarse siempre en la oclusión arterial hasta que no se demuestre lo contrario. Una oscilometría o mejor un Doppler lo afirmará o negará. La intervención quirúrgica, practi¬cada después de un estudio arteriográfico supra y sublesional, constituye en muchos casos la clave de la curación.


 Extraído de: Algunos errores médicos propios y ajenos para aprender y meditar. Recopilador: M. Blasco Valle. Editado por GOPAr Grupo de Osteoporosis Aragón. Zaragoza 

Información adicional

  • Autor: Recopilador: Mariano Blasco Valle
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