Importancia de la calidad de los informes sobre pacientes con tentativas de suicidio

- Para evitar la repetición de los intentos de suicidio, es importante realizar una adecuada evaluación de las personas con alguna tentativa previa.

- El uso de instrumentos de evaluación semiestructurados puede mejorar la evaluación de los pacientes que se han autolesionado.

La prevención de la depresión y el suicidio es una de las cinco áreas prioritarias del European Pact for Mental Health and Well-Being, establecido por la Unión Europea. Para evitar la repetición de los intentos de suicidio es importante realizar una adecuada evaluación de las personas que han cometido una tentativa de suicidio, lo que contribuirá asimismo a establecer el tratamiento más adecuado. Sin embargo, los hospitales no siempre utilizan los servicios de psiquiatría para realizar una evaluación psicosocial de los pacientes que se han autolesionado deliberadamente y, en ocasiones, no hay profesionales de salud mental disponibles. Como consecuencia de ello, los pacientes que acuden al hospital tras haberse autolesionado deliberadamente, a menudo lo abandonan sin que se les haya realizado una evaluación psicosocial.

Existen numerosas guías clínicas para el tratamiento hospitalario de los pacientes con daño autoinfligido, pero ninguna de ellas está universalmente aceptada. Tras un intento de suicidio, es crucial determinar si el paciente debe ingresar o no. La mayoría de las guías clínicas recomiendan que el alta directa desde el servicio de urgencias sólo se considere si se han concertado una evaluación psicosocial y un plan de tratamiento antes de que el paciente abandone el hospital; en cambio, la hospitalización se recomienda si existe un riesgo inminente de suicidio.

El factor pronóstico más potente de la conducta suicida futura es la historia de intentos de suicidio. El tratamiento psiquiátrico previo o diagnósticos como los de depresión mayor, trastorno bipolar, abuso de alcohol, esquizofrenia y trastornos de personalidad también aumentan el riesgo de suicidio. Asimismo, hay evidencias que demuestran el valor pronóstico de diversas variables sociodemográficas: en la mayoría de países los varones presentan unas tasas de suicidio consumado más elevadas, mientras que las mujeres presentan unas mayores tasas de tentativas; por otra parte, tienen un mayor riesgo las personas de edad avanzada, así como las que no viven con un familiar cercano o viven solas. La falta de apoyo social también aparece con frecuencia en la literatura sobre el riesgo de suicidio. Otros factores de riesgo son la ideación suicida, la planificación suicida y, entre los pacientes que han cometido un intento reciente, la reacción frente a dicho intento. La gravedad del intento también es un factor de riesgo para la repetición del intento, así como el hecho de tener problemas de salud física y el evitar ser descubierto en el momento del intento.

Dada la aparente falta de acuerdo entre las guías clínicas y la realidad de la evaluación, así como la escasa evidencia sobre cómo es la práctica real, los autores analizaron la calidad de los informes clínicos de los pacientes visitados tras un intento de suicidio. Analizaron los informes clínicos correspondientes a 993 intentos de suicidio cometidos por 907 individuos, con edades comprendidas entre los 6 y los 92 años. De ellos, 640 (64,5%) eran mujeres y 353 (35,5%) varones, y 780 (86%) eran españoles. Habían cometido más de un intento 55 (5,5%).

Basándose en la evidencia científica disponible en la actualidad y en las recomendaciones de las guías clínicas de prevención del suicidio, y asumiendo que determinadas variables demográficas como el sexo y la edad se evalúan sistemáticamente en todos los informes, seleccionaron siete indicadores para analizar la calidad de la información disponible en los informes clínicos, considerando que es la información mínima necesaria para valorar el grado de riesgo de un paciente que ha intentado suicidarse. Estos indicadores eran los siguientes: antecedentes de atención psiquiátrica, intentos de suicidio previos, apoyo social o familiar, ideación suicida, planificación suicida, reacción frente al intento y grado de daño médico como resultado del intento actual.

Los autores estiman que todos los indicadores analizados en el estudio pueden considerarse igual de relevantes y significativos para una evaluación completa del riesgo de una persona que ha cometido una tentativa de suicidio, y que los informes clínicos son la única información disponible para los profesionales que vayan a tratar al paciente en el futuro. Según los autores, un criterio conservador del informe debería contener al menos cinco de estos siete indicadores como mínimo estándar para poder considerarlo adecuado de cara a la prevención y el tratamiento. Según este estándar, 235 informes podían considerarse incompletos, y al utilizar un criterio más restrictivo (seis o siete criterios incluidos), sólo 529 informes podían considerarse adecuados.

El número de intentos de suicidio previos fue el indicador que con más frecuencia no figuraba en los informes, lo que puede explicarse porque los médicos sólo lo mencionan cuando ha habido intentos previos, pero no lo especifican cuando no los ha habido. De ser así, esto podría llevar a confusión cuando otros profesionales examinen el informe, ya que no es posible saber si se ha evaluado la historia de suicidio, y si ha habido intentos previos o no. La letalidad del intento a menudo no se incluía en los informes, mientras que el tratamiento psiquiátrico previo y la ideación suicida fueron los indicadores documentados con mayor frecuencia, aunque las escalas de ideación suicida rara vez se utilizaron. La calidad de la evaluación fue similar para varones y mujeres, pero fue peor para los pacientes dados de alta que para los pacientes ingresados. Esto puede ser un reflejo del mayor tiempo dedicado a la evaluación de los pacientes que permanecen más tiempo en el hospital. Los informes de los pacientes con intentos previos de suicidio eran de peor calidad que los de los pacientes que lo intentaban por primera vez. Esto puede explicarse porque los pacientes repetidores pueden ser conocidos por los médicos, de modo que detallan menos su historia clínica.

Según este estudio, los informes clínicos de los pacientes que han intentando suicidarse son incompletos. Dada la importancia de los informes clínicos para la toma de decisiones sobre el tratamiento y el seguimiento de estos pacientes, los autores proponen el uso de instrumentos de evaluación semiestructurados para mejorar la valoración de los pacientes que se han autolesionado. 

Miret M, Nuevo R, Morant C, Sainz-Corton E, Jiménez-Arriero MA, López-Ibor JJ, et al. Calidad de los informes médicos sobre personas que han intentado suicidarse. Revista de Psiquiatría y Salud Mental (Barcelona). 2010; 3(1): 13-18.

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