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La aspirina ha vuelto

- La aspirina tiene propiedades reconocidas como fármaco analgésico, antiinflamatorio y antiagregante.

- Sus propiedades anticoagulantes son ostensibles en el sistema arterial, pero no en el venoso.

- Dos estudios demuestran sus propiedades para prevenir también la recidiva de trombosis venosa o tromboembolia pulmonar.

De hecho, no se ha ido nunca. Y no sólo en el campo de la analgesia y del tratamiento de la inflamación; tampoco en el de su actividad sobre el sistema hemostático, debido a su acción antiagregante sobre las plaquetas. En dos números recientes de la prestigiosa revista New England Journal of Medicine (mayo y noviembre de 2012) han aparecido sendos trabajos que estudian el potencial de la aspirina en la prevención de la recidiva de trombosis. El tratamiento de un episodio trombótico suele realizarse la mayoría de veces con heparina, en sus diferentes formas y durante un tiempo variable, para ser después sustituida por anticoagulantes orales (warfarina en Estados Unidos, acenocumarol en nuestra área) durante un periodo de meses, que puede oscilar entre los 3 y los 18, según las pautas y los centros. Pero una vez se suspende el tratamiento anticoagulante oral, ¿qué puede suceder? Hasta en un 20% de los casos puede reaparecer la trombosis, sea venosa o en forma de embolia pulmonar. Y aquí es donde la aspirina puede desempeñar un papel, a pesar de que su acción antiagregante la haga más eficaz en la circulación arterial que en la venosa. ¿Resulta eficaz la aspirina en la prevención de la recidiva de trombosis? Los dos artículos mencionados parecen indicar que sí.

El que se publicó en el mes de mayo, conocido como el estudio WARFASA, se realizó en Italia sobre un total de 400 pacientes que habían sufrido una trombosis venosa o una embolia pulmonar no justificadas. Doscientos de estos pacientes recibieron 100 mg/día de aspirina y los otros 200 un placebo. La media de seguimiento del estudio fue de 24 meses, transcurridos los cuales se observó una reducción significativa en el número de episodios de nueva trombosis: 71 casos sobre 400 pacientes que recibieron aspirina frente a casi el doble del grupo placebo. Estos datos suponen una tasa de recaída del 11,2 frente al 6,6% anual. Sin embargo, al analizar el número de episodios totales de complicaciones cardiovasculares (no sólo trombosis y embolia pulmonar, sino también infarto de miocardio, accidente vascular cerebral o muerte de causa cardiovascular), las diferencias no llegaron a ser significativas, aunque se observó una tendencia a favor de la aspirina.

¿Qué sucedió en el otro estudio publicado en noviembre? Pues curiosamente los resultados parecen tener una simetría especular: este estudio más tardío, denominado ASPIRE, se ha llevado a cabo en varios países (Canadá, Australia, Nueza Zelanda y Argentina) sobre un total de poco más de 800 pacientes, distribuidos al azar para recibir 100 mg de aspirina o un placebo. El seguimiento fue de hasta 4 años. En el ASPIRE se observó una disminución significativa del número de complicaciones cardiovasculares, así como una reducción en el número de nuevas trombosis, aunque en este caso la diferencia no alcanzó la significación estadística.

Sin embargo, cuando se funden los resultados de ambos estudios, muy similares en su diseño, se llega a la conclusión de que la administración de aspirina supone una reducción del 32% del riesgo de recidiva de trombosis y del 34% de complicaciones trombóticas cardiovasculares. En definitiva, bastante beneficio para tan bajo coste; y el beneficio no sólo fue económico, también en cuanto a los efectos secundarios, ya que se registraron pocas hemorragias graves: 2 episodios en el primero y 14 en el segundo, lo que representa un 0,5 y un 1,7%, respectivamente. ¿Y cómo pueden estos resultados traducirse en la práctica diaria? Pues parece aconsejable que, tras haber realizado el tratamiento anticoagulante correcto (heparina y antivitamina K), los pacientes sin contraindicaciones y sin causas evidentes para la trombosis puedan recibir aspirina para reducir en hasta un 30% el riesgo de recaída de la trombosis y el riesgo de sufrir otras complicaciones de índole cardiovascular.

Becattini C, Agnelli G, Schenone A, Eichinger S, Bucherini E, Silingardi M, et al. Aspirin for preventing the recurrence of venous thromboembolism. N Eng J Med. 2012; 366(21): 1.959-1.967.

Brighton TA, Eikelboom JW, Mann K, Mister R, Gallus A, Ockelford P, et al. Low-dose aspirin for preventing recurrent venous thromboembolism. N Eng J Med. 2012; 367(21): 1.979-1.987.

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