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Robots en cirugía de cadera y rodilla. ¿Son necesarios?

- Existe escasa evidencia científica para recomendar el uso de la robótica en la implantación de una prótesis de cadera.

- En los casos analizados, la suspensión de la intervención fue más frecuente en intervenciones de rodilla que de cadera.

El primer robot quirúrgico para la artroplastia total se desarrolló en 1986. Desde entonces, se han probado y desarrollado varios modelos. Uno de ellos es ROBODOC (Curexo Technology Corporation, Sacramento, California), que fue el primer robot quirúrgico utilizado clínicamente en cirugía ortopédica. Aunque se desarrolló en 1986, los ensayos clínicos por la Food and Drug Administration (FDA) en los Estados Unidos y la aplicación clínica en Alemania se iniciaron en 1994. La FDA aprobó su uso para la práctica clínica en agosto de 2008. Aunque en algunas especialidades como la cirugía general o la urología la robótica ya se encuentra integrada en la práctica quirúrgica, en cirugía ortopédica todavía no existe una utilización amplia, y su utilidad ha sido cuestionada. Actualmente, las «sensaciones» del cirujano, su orientación en el espacio y la radiología intraoperatoria son los principales factores que se utilizan para la correcta implantación de una prótesis. Esto queda ejemplificado en un estudio reciente de Chun et al. que analizó los casos en que hubo que suspender (abortar) el uso del robot durante la intervención.

En este estudio, realizado en Corea del Sur, se explican los motivos por los que tuvo que abortarse una intervención asistida por robot. Se analizaron 22 de un total de 100 intervenciones asistidas por robot que debieron interrumpirse; todas menos una eran intervenciones de rodilla. Se identificaron dos motivos principales para abortar las operaciones: antes del fresado del hueso y por problemas de interacción del robot con el cirujano. En uno de los casos el robot ocasionó un daño al paciente, en concreto una lesión parcial del tendón rotuliano.

Hasta la fecha, se han publicado varios estudios clínicos y de investigación sobre el tema. En principio, la utilización de un sistema robótico debería permitir una implantación mejorada respecto a la de un cirujano experto, disminuyendo el dolor en el postoperatorio, permitiendo la intervención a través de incisiones de menor tamaño y mejorando los resultados funcionales a medio y largo plazo; incluso mejoraría la supervivencia de las prótesis. Sin embargo, son escasas las evidencias que apoyan estas especulaciones y en cambio existen inconvenientes notables, como el aumento del tiempo quirúrgico, la mayor exposición a rayos X debido al uso de tomografía computarizada y la necesidad de practicar varios orificios en los huesos (ya que hay que colocar en el hueso unos sensores para el que robot tenga las referencias adecuadas para realizar su trabajo). A pesar de que la publicidad sobre el uso de robots se está incorporando como reclamo en diferentes clínicas y hospitales para promocionar la cirugía de cadera y rodilla en sus centros, queda un largo camino por recorrer antes de que se demuestre la utilidad de la robótica en la cirugía ortopédica.

Chun YS, Kim KI, Cho YJ, Kim YH, Yoo MC, Rhyu Kh, et al. Causes and patterns of aborting a robot-assisted arthroplasty.

J Arthroplasty. 2011; 26(4): 621-625.

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