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La odisea de los inmigrantes

Este año se estrenó en el país vecino la película El médico africano (Bienvenue à Marly-Gomont), film francés que narra la historia –basada en hechos reales- de Seyolo Zantoko, un joven negro de origen zaireño que acaba sus estudios de Medicina en París a mediados de los años setenta y, en lugar de volver a su país natal, decide quedarse en Francia, país de grandes oportunidades, y traer con él a su esposa y sus dos hijos. 

El único puesto que consigue es el consultorio de un pequeño pueblo de la Francia profunda, un consultorio al que no va nadie durante meses debido a la desconfianza que genera el color de su piel, hasta el punto de que se ve obligado a trabajar de granjero para conseguir algo de dinero. Su mujer y los dos niños sufren también la discriminación a la que son sometidos por las gentes del lugar y todos están a punto de tirar la toalla. Afortunadamente, una serie de casuales circunstancias provocan un cambio de la situación y consiguen al final adaptarse y ser valorados y queridos por sus vecinos. Se trata de una comedia ejemplarizante y en cierto modo bastante edulcorada. Por otro lado, el protagonista no es un superviviente que llega en patera sino un médico formado en un país occidental, lo cual otorga una dimensión distinta a los problemas de adaptación al entorno que relata el film. Pero el mensaje que lleva implícito es importante, puesto que muestra cómo la buena voluntad de la población del país de acogida es la que tiene el poder de cambiar el rumbo de los problemas que afectan a los inmigrantes, confirmando que la resolución es cosa de todos.

Entre esos problemas se encuentra el llamado síndrome de Ulises –o síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple–, que describió el psiquiatra Joseba Achotegui hace casi 15 años, a quien hemos entrevistado para este número de 7DM. Nos explica que el síndrome no es un trastorno mental per se, sino un cuadro de estrés que se observa aproximadamente en el 15% de la población inmigrante que acude a la consulta médica en nuestro país.

Como bien sabrá el lector, Ulises –Odiseo en la mitología griega– fue el más astuto de los participantes en la Guerra de Troya. Fue quien se sacó de la chistera la idea del caballo de madera en el que se escondieron los griegos para conquistar la ciudad asediada durante una década. Pero cuando acabó aquella contienda y emprendió el camino de regreso a su reino, Ítaca, no tenía ni idea de las vicisitudes que afrontaría en aquel viaje de retorno que Homero narró en La Odisea. Se tuvo que enfrentar al cíclope Polifemo y a la hechicera Circe, que transformó a su tripulación en cerdos, hubo de atravesar el peligroso estrecho vigilado por los monstruos marinos Escila y Caribdis, resistir al hechizo de las sirenas y acabó perdiendo a todos sus compañeros. Finalmente, diez años después de iniciada la travesía, consiguió llegar a su tierra, donde le esperaba su esposa Penélope.

En el reportaje que abre las páginas de este número se muestra que, aparte del síndrome de Ulises, la población inmigrante presenta tasas de incidencia más elevadas de algunos trastornos mentales que la población autóctona. Es el caso del síndrome de estrés postraumático, de las psicosis o de la ansiedad y la depresión, entre otros.

Los profesionales sanitarios deben atender la salud mental de los inmigrantes con todas las garantías que merecen y, por extensión, los gobiernos y la sociedad en general deberían tomar conciencia del problema y buscar medidas encaminadas a resolverlo.

Pero hay que reconocer que es algo realmente complejo. Más aún si pensamos en la animadversión hacia los inmigrantes asentada en muchas partes de occidente y alimentada por algunos políticos. Donald Trump y su afición de construir muros, sin ir más lejos. O si pensamos en los refugiados que huyen de Siria o de Libia jugándose la vida para alcanzar costas europeas, saltando de la sartén para caer en las brasas, podría decirse. En la mano de toda la sociedad está la posibilidad de ayudar a estas personas que buscan una vida mejor lejos del hambre, la guerra y el sufrimiento. Y en el ámbito de la salud en general, y de la salud mental en particular, los profesionales sanitarios tienen un importante papel que desempeñar.

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  • Modificado por última vez en Martes, 20 Diciembre 2016 16:13

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