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Dolor y sufrimiento en la consulta de atención primaria

Es bien conocido que el dolor es la causa más frecuente de consulta médica. Concebido desde la perspectiva biologicista como respuesta a una agresión, es una experiencia fundamentalmente física, de estimulación de receptores y transmisión del estímulo álgico por vías nerviosas medulares que alcanzan los centros del tálamo. Pero la realidad clínica muestra que dos dolores de la máxima intensidad, como son el del parto y el del cólico nefrítico, son vividos de forma sustancialmente diferente. Y es que la experiencia subjetiva del dolor, intrínsecamente desagradable, puede ser radicalmente modificada, bien merced a su magnificación por el miedo o bien al ser teñida de un significado positivo, hasta convertirla incluso en un momento gozoso, como el que puede experimentar la mujer parturienta que ve nacer a su deseado hijo.

El poeta de Orihuela, desbordado por el dolor de la pérdida de su amigo, nos amplía aún más la perspectiva previamente señalada. Por una parte, la etiológica, en tanto que la causa de su dolor no es física, sino emocional: el duelo. Por otra, la de las consecuencias, señalando su carácter brutal, masivo, desbordante y holista. El dolor supera la mera experiencia físico-psíquica para incardinarse en aquella otra vivencial, espiritual, holista: el sufrimiento. Al poeta le duele todo el cuerpo, pero también más allá, le duele el aliento: le duele todo su ser, también el alma. El dolor puntual de la muerte, el hecho causal, se amplía así a nivel vivencial como sufrimiento dirigido a un futuro incierto, de duración no predecible, a veces sine die, capaz de autoalimentarse e independizarse de su origen mediante el recuerdo.

Desde esta perspectiva amplia y metafórica, entendemos que la consulta médica es ante todo dolor: sólo dolor y sufrimiento. Dolor del órgano biológicamente lesionado que se queja para que se le haga caso. Dolor del órgano biológicamente intacto que refleja el sufrimiento del mundo psíquico y espiritual de un ser humano que no es capaz de expresar directamente la injuria, porque «cuando los ojos no lloran, lloran los órganos». Dolor emocional directo que indica la perturbación psíquica sufrida y que se expresa mediante la angustia o tristeza. Y también, y en gran manera, el sufrimiento de una humanidad desorientada, que ya ha conseguido en gran parte situarse a cobijo del dolor biológico, y que se enfrenta a los problemas de nuestra cotidianidad –crisis económica, soledad, aislamiento, frustración, injusticia, desigualdad, ausencia de sentido, etc.– incapaz de gestionar adecuadamente su dolor emocional y espiritual.

Los avances de la medicina nos han capacitado para tratar de forma concluyente el dolor biológico. El uso cotidiano de los opiáceos junto a las estrategias específicas implementadas en las unidades del dolor han conseguido que su tratamiento, expresado de forma simbólica y genuina en el dolor oncológico, no constituya un gran problema. Frente a ello, una marea humana que sufre cada vez más se «agrupa a nuestro costado» de médicos, disfrazando como puede su genuino dolor de forma «socialmente encauzable»: hiperfrecuentando las consultas, quejándose de somatizaciones múltiples y de que no se les hace caso, tragando toneladas de ansiolíticos y antidepresivos... o sencillamente quitándose de en medio.

¿Cómo ayudar a tanta gente que sufre y que se presenta ante nosotros en la consulta? ¿Cómo hacerles comprender que sus quejas somáticas («a mí me duele todo»), que sus exigencias («a mí no me aciertan»), señalan otro tipo de sufrimiento? ¿Cómo vencer nuestro sentimiento de frustración ante todo ello? ¿Podemos como profesionales permanecer impasibles ante los condicionantes socioeconómicos que determinan en gran manera este dolor que vemos en la consulta?

¡Cuidado: no abramos la peligrosa caja de pandora! Corramos mientras se pueda un tupido velo respecto a lo esencial, lo que «de verdad» nos hace sufrir, en tanto seres humanos, puesto que su análisis pondrá sin duda en evidencia las bases del orden establecido. Así de paso... al menos parece que somos grandes médicos, plenipotenciarios del poder de los dioses, que salvamos, y que... de alguna forma, también nosotros así estamos salvados.

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  • Modificado por última vez en Martes, 14 Mayo 2013 15:14

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