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Economía de lenguaje y abuso de acrónimos y anglicismos, principales males de las historias clìnicas

El valor informativo de la historia clínica está ligado a su comprensión. El uso incorrecto del lenguaje médico o el exceso de acrónimos, abreviaturas, anglicismo, etc., son elementos que pueden reducir la utilidad de la historia clínica a nivel asistencial e incluso investigador y, en consecuencia, puede impedir una atención eficiente y de calidad. Es necesaria la utilización de terminologías médicas controladas para poder recuperar y procesar la información de cada historial. Por estos motivos y apelando a su compromiso con el empleo correcto del lenguaje médico, la Real Academia Nacional de Medicina (RANM) ha hecho pública una Declaración que recoge su voluntad de «llevar a cabo una normalización terminológica que posibilite el intercambio de información y conocimiento en la historia clínica de manera rigurosa», poniendo a disposición de la sociedad las herramientas y conocimientos necesarios para conseguirlo.

Organizado con la colaboración de Hewlett-Packard y Accenture, el Foro La terminología médica en la historia clínica: del médico a la sociedad, recientemente celebrado en la Academia, fue una oportunidad para que pudieran debatir sobre este asunto instituciones, organismos y profesionales que tienen mucho que decir a la hora de velar por la terminología médica en nuestro idioma. Es este un objetivo prioritario para la RANM, cuyo Diccionario de términos médicos aparecido en septiembre de 2011 fue un hito bibliográfico en español pero también un punto de partida para seguir trabajando en esa dirección.

La jornada estuvo dirigida a personas e instituciones que trabajan en el ámbito de la terminología médica de la historia clínica tanto a nivel autonómico como nacional así como a empresas implicadas en estos proyectos.

La vigilancia y difusión del uso correcto del lenguaje médico figura entre las misiones de la Academia desde finales del siglo XVIII. El profesor Manuel Díaz-Rubio, presidente de Honor de la RANM, recordó el interés que han mostrado por este asunto algunos grupos, como los hermanos Mayo, fundadores de la Clínica del mismo nombre. «Pero en general, advirtió, lo que se aprecia a lo largo de la historia es una escasa o nula preocupación por utilizar correctamente la terminología médica, pasando por alto la necesidad de que lo que uno escribe ahí debe poder ser entendido por otros colegas».

El profesor Díaz-Rubio puso una serie de ejemplos para ilustrar esa despreocupación que destilan mucha historias clínicas. «Una despreocupación que está marcada por una creciente tendencia a la economía del lenguaje, con un exceso de acrónimos. Hay grupos de trabajo que ya trabajan para desvelar acrónimos en función del contexto. A esto habría que añadir un uso indiscriminado de anglicismos. En definitiva, cuesta entender muchas historias y parece que éste es un problema imparable que va a más».

Un recurso imprescindible

Desde la publicación, hace algo más de un año, del Diccionario de términos médicos de la RANM puede ser más fácil redactar una historia clínica evitando algunos de los riesgos que los participantes destacaron en el Foro de la Academia. El profesor Luis García Sancho, Académico de Número y codirector del Diccionario de la RANM, afirmó que con la edición de esta obra ha arrancado «una nueva etapa en la que la defensa de la terminología médica en español se ha convertido en uno de nuestros objetivos prioritarios, tal como se recoge en los actuales estatutos». Añadió que para alcanzar esa meta se pondrán en marcha distintos instrumentos, como la Unidad de Consultas y Terminovigilancia. «También colaboramos con las Academias hispanoamericanas, a través de la Asociación Latinoamericana de Academias Nacionales de Medicina (ALANAM), para disponer del primer Diccionario Panhispánico de Términos Médicos».

El profesor García Sancho aseguró que el establecimiento de redes semánticas, en el que ya está trabajando la RANM, puede ser un recurso de ayuda esencial para favorecer la interoperabilidad, que es uno de los rasgos clave que debe tener cualquier historia clínica para resultar útil. «La Academia asume su responsabilidad normativa señalando cuál debe ser el término más adecuado en la redacción de una historia clínica; una aportación clave a la hora de facilitar la comunicación entre médico y paciente».

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