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Un marcador señala el riesgo de muerte súbita en adultos con cardiopatías congénitas operadas en la infancia

La muerte súbita es la forma más frecuente de muerte en adultos con cardiopatías congénitas operados en la infancia, aunque su incidencia es baja. El riesgo de morir de estos pacientes es de entre 25 y 100 veces mayor respecto a la población general, según han demostrado diferentes estudios. Ahora, un nuevo estudio español publicado en American Journal of Cardiology ha descubierto un parámetro que permite predecir la muerte súbita en estos pacientes. El estudio se realizó gracias a la base de datos que el Hospital La Paz, de Madrid, impulsó en 1989 y que ya tiene 22 años. En total, incluyó a 936 pacientes adultos con cardiopatías congénitas que fueron operados de ellas en la infancia. Y el principal hallazgo que ha realizado es que tener la fracción de eyección por debajo del 35%, se ha asociado a un riesgo 30 veces mayor de sufrir una muerte súbita en estos pacientes.

La fracción de eyección es la cantidad de sangre que el corazón es capaz de enviar con cada latido respecto al total de sangre que recibe. Cuando este parámetro está por debajo del 35% significa que la capacidad del músculo del corazón para bombear la sangre está muy disminuida, al ser inferior al 35%. Esta baja capacidad puede conducir a la muerte súbita.

Para evitarlo, algunos pacientes con cardiopatías congénitas y con una fracción de eyección muy disminuida podrían beneficiarse de llevar un desfibrilador automático implantable (DAI). «Los DAI captan y analizan las arritmias graves y proceden a realizar una descarga para tratarlas y evitar la muerte súbita. El problema actual es que esta es una intervención que tiene sus contrapartidas psicológicas o mecánicas, sobre todo en una persona joven. Aunque no es muy frecuente, puede realizar descargas inapropiadas que hagan la vida imposible a estas personas. Por esta razón, hay que seleccionar muy bien a los pacientes y definir con mucha precisión los grupos de riesgo en los cuales los beneficios de colocar estos dispositivos vayan a ser claramente superiores a los perjuicios", explica José María Oliver, vocal de la sección de Cardiopatías Congénitas de la SEC y jefe de la Unidad de Cardiología Congénita del Adulto Cardiología del Hospital La Paz de Madrid.

Según este mismo trabajo, el riesgo de muerte en estos pacientes, que fueron seguidos durante un promedio de 7 y 9 años (algunos de ellos más de 20 años), fue del 5% y la incidencia de muerte súbita de aproximadamente 6 muertes por cada 1.000 pacientes y año.

Registros de pacientes adultos con cardiopatías congénitas

Actualmente, el 1% de los niños nace con una cardiopatía congénita. Entre el 85% y el 90% de estos recién nacidos con cardiopatías congénitas llega a la edad adulta (más de 18 años), mientras que hace 50 años solo llegaba el 20%. Todavía se desconoce cuál va a ser su esperanza de vida máxima, ya que la cirugía cardiaca para reparar defectos congénitos que se realizaba en los años 60-70 era muy precaria comparada con la que comenzó a realizarse a partir de los años 90, por lo que la esperanza de vida de estos pacientes puede ir en aumento.

Según destaca Oliver Ruiz, la edad media de muerte de los pacientes que nacían con una cardiopatía congénita grave en un país como Canadá era de entre 2 y 3 años a finales de 1980, mientras que, en 2005-2006, es de 45 años. Esto significa que solo en 20 años la edad media de la muerte de estas personas ha pasado de los 2 años a los 45 y todavía los hay que viven más. «Esto ha provocado que en la actualidad tengamos una nueva población cardiovascular adulta, con problemas nuevos generados por las secuelas de intervenciones que se realizaron en la infancia, riesgo cardiovascular aumentado, que necesita revisiones y que ha creado su propia actividad terapéutica. Así, al abrir el corazón para eliminar la obstrucción de la circulación derecha, a la derecha o a la izquierda, se genera una insuficiencia de la válvula pulmonar que antes no existía», señala Oliver Ruiz.

En España se calcula que puede haber alrededor de 120.000 personas que nacieron con cardiopatías congénitas y que, a pesar de llevar una vida normal, deberían buscar el asesoramiento de un especialista en cardiología. «En un país de las dimensiones de España no es factible realizar un registro poblacional que incluya todos estos casos, a fin de seguirlos. En Holanda, un país pequeño, de 10 millones de habitantes y un alto nivel cultural, sí que se ha logrado hacer un registro, dirigiéndose directamente a la población mediante una campaña. Aquí deben ser los propios pacientes quienes busquen este asesoramiento y averigüen si tienen una disfunción del ventrículo izquierdo, lo que es sencillo de ver con un ecocardiograma», ha explicado Oliver Ruiz.

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