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El edificio sanitario ha de ser armónico con su función, que es curar

–En su trayectoria llama la atención el paso de los estudios de farmacia a la arquitectura sanitaria sostenible. ¿Cómo ha sido esta evolución?

–En mi trayectoria profesional siempre ha habido un hilo conductor, que son los temas ambientales; de hecho hice la tesis doctoral sobre este tema y creo que fue la primera que se hizo en España con esta temática. He sido profesor, he trabajado para varias administraciones, fui secretario general del Departamento de Medio Ambiente de la Generalitat, he trabajado en una multinacional alemana de medio ambiente, estuve en un despacho de abogados alemán como especialista en temas de delito ecológico y luego vino la etapa dedicada a temas de construcción. En nuestra empresa tenemos también un hotel, que es donde vivo, y en el que hago de todo, desde camarero a llevar el huerto, que me gusta mucho... Todo este bagaje me permite tener una visión global: hay un tema troncal, que es el medioambiental, y concretamente su relación con la salud, y luego toda esta experiencia me permite tener una visión más amplia en muchos campos, y eso ayuda a cometer menos errores.

–¿Qué criterios definen la arquitectura sanitaria sostenible?

–Lo primero es tener siempre presente que los centros sanitarios tienen un envoltorio, que es el edificio, que ha de ser armónico con su función, que es la de curar, o al menos no enfermar. Eso quiere decir que el edificio ha de ser sostenible desde el punto de vista medioambiental: ha de consumir menos energía, no ha de malgastar agua, ha de estar hecho con materiales que sean respetuosos con el medioambiente..., pero al mismo tiempo ha de tener la funcionalidad propia de un centro sanitario. Por ejemplo, está demostrado que la luz natural acorta los periodos de convalecencia, por lo tanto, es evidente que un edificio sanitario ha de tener mucha luz natural.

Pero la luz no lo es todo. También es importante recuperar la tradición basada en que tener aire fresco, y disponer de un espacio al aire libre para realizar pequeños paseos cuando es posible, y el contacto con otros seres vivos, como vegetación y pájaros, por ejemplo, es claramente beneficioso para la salud. Esto supone recuperar esos jardines que tenían los hospitales de toda la vida. Ahora esta tradición se está recuperando y además los llamamos «jardines sanadores». El primer paso es facilitar el contacto con el aire fresco, con la luz natural, una pequeña actividad física... , pero se va un poco más allá y también se procura, al menos es una recomendación que siempre hago, que esos jardines no sean monocromos y monoestacionales; es decir, que no sean como una foto fija, sino que vayan cambiando con los ciclos de la naturaleza. Eso va muy bien para nuestros biorritmos, porque van cambiando con el paso de las estaciones. Y también hay aspectos estéticos, como que este espacio interior esté conectado con el exterior.

Todos estos criterios son especialmente importantes para centros de larga estancia. Por ejemplo, está el Children's Hospital and Health Center, en San Diego, un hospital oncológico infantil. Allí han construido un jardín sanador con diferentes áreas y cada área constituye el capítulo de un cuento que se les da a los chicos cuando ingresan y que les indica un recorrido diario por zonas del jardín, en el que encuentran personajes que interactúan con ellos. Es una manera de motivarles para que estén en el exterior y participen en un juego, motivación que es muy necesaria en este tipo de enfermos.

–Sin embargo, la arquitectura sanitaria de las últimas décadas ha sido un homenaje a la tecnificación, a la modernidad

–Es un poco el ejemplo del péndulo. Obviamente yo no creo que sea bueno volver al hospital de finales del XIX y principios del XX, porque toda esa tecnificación es necesaria. Tecnificar es bueno y necesario, pero no la única vía. Hay que recuperar esos espacios sanadores y al mismo tiempo aplicar todos los adelantos existentes, por ejemplo a la hora de evitar las infecciones nosocomiales. La tecnología permite, por ejemplo, controlar todo el proceso de recirculación del aire y su desinfección antes de ser distribuido de nuevo. La medicina nunca ha parado, siempre evoluciona, lo que pasa es que a veces se queda por el camino algo que valía la pena.

–¿Cuáles son los criterios mínimos que debe cumplir un centro sanitario sostenible?

–El primero, que cumpla su función como centro sanitario, atender al paciente. Y esta atención se puede mejorar mucho con aspectos que dependen de su construcción, como la luz natural, el aire fresco, evitar infecciones nosocomiales, facilitar la movilidad de los pacientes...

Un edificio es como un organismo vivo, que tiene una homeostasis, un equilibrio y reacciona ante los cambios del exterior. El edificio debería ser como una segunda piel nuestra que se adapte a los cambios que se suceden en el exterior. El edificio ha de ser capaz de adaptarse de forma automática a estos cambios preservando el equilibrio de lo que hay dentro. Y esto se consigue mediante un buen diseño y mediante técnicas energéticas. Al mismo tiempo ha de tener materiales que sean respetuosos con el medio ambiente, como es lógico.

–¿En nuestro país hay masa crítica a este respecto?

–Mi opinión es que no hay masa crítica pero sí que hay críticos en el buen sentido de la palabra; críticos que son emprendedores y están haciendo actuaciones. Pero el tópico de siempre aquí es cierto: cuando a una idea le llega su hora es imparable, y creo que a esta idea le ha llegado su hora. Este no es un tema de gurús, sino de gente que trabaja y cada poco te llega la noticia de que un hospital está haciendo tal cosa, otro tal otra...No hemos llegado a la masa crítica, pero sí que tenemos suficiente fermento para que todo esto eclosione dentro de nada.

–La OMS ya hace muchos años que habla de edificios enfermos. Pero ¿se puede hablar seriamente de edificios que curan?

–Ir más allá es peligroso, porque si lanzas antes de tiempo un tema que no está suficiente maduro puedes quemarlo. Hoy el objetivo es hacer centros sanitarios sostenibles que protejan el medio ambiente y la salud de los pacientes. Pero ya somos un grupo importante de personas que estamos recopilando información para intentar dar un paso más y no te extrañe que en dos o tres años construyamos un edificio que a parte de ser sano sea sanador. Aún es demasiado pronto para hablar de esto, pero sin duda es un objetivo personal, igual que hace siete u ocho años mi objetivo era construir un edificio sano y ya lo he construido.

–¿Y sanador de qué?

–Quizás es un adjetivo utilizado más como analogía entre enfermo y sano...Se refiere a que el edificio no sólo no enferme, sino que promueva la salud en un sentido muy amplio: que no haya agentes tóxicos, químicos, físicos ni bacteriológicos, que además cree unas atmósferas que promocionen el estado de bienestar. Mucha gente habrá tenido la sensación en algún momento de que al estar en un sitio determinado se han empezado a encontrar bien. Realmente hay lugares que tienen una energía especial que es medible, pero también hay que ir con cuidado, porque un exceso de energía puede causar problemas a largo plazo, así que no se puede ser frívolo con estos temas. Pero es muy importante crear sistemas automáticos para que el aire esté siempre limpio, que haya aromas naturales, sin campos electromagnéticos, sin ruido, que puedas dormir sin interferencias y hacer un ciclo entero de secreción de melatonina que te vaya regenerando...

–¿Qué aceptación tiene la edificación sostenible entre las administraciones sanitarias?

–Estamos en un momento en que lo urgente se está comiendo lo importante en las administraciones. Pero es que no debemos pensar sólo en ellas. Los agentes de la sociedad son los que tienen que liderar el camino hacia la sostenibilidad, y de hecho ya lo están haciendo. Es un movimiento imparable y en este caso posiblemente la administración va a ir detrás de estos pioneros.

–¿Y qué papel tienen que desempeñar los profesionales sanitarios?

–Lo primero es implicarse. De hecho, el objetivo ideal es que cuando se hace un nuevo centro sanitario haya una simbiosis entre los profesionales de la arquitectura, de las instalaciones y los sanitarios, porque además cada tipo de centro sanitario tiene un tipo de paciente objetivo y conviene hacer el hospital un poco a su medida. Es una simbiosis muy necesaria, y los profesionales sanitarios deberían implicarse en vez de esperar a que se lo den hecho. Tienen que participar en todo el proceso y hacer oír su criterio, yo diría que incluso con dureza cuando sea preciso.

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