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Entrevista con Manuel Merino. Pediatra de Atención Primaria

Trabaja en: Centro de Salud El Greco (Getafe, Madrid).
Hace 25 años... Estaba en el mismo centro.
Lo mejor y lo peor de la AP: Lo mejor el trato continuado con la gente, y lo peor la no comprensión de la importancia del primer nivel de atención por parte de los gestores del sistema sanitario público.
Un deseo (sanitario) por nuestro cumpleaños: Que se mantenga en España la Pediatría de Atención Primaria y no dejemos de tener pediatras de cabecera.

 

–¿Qué recuerda de los primeros tiempos de la Atención Primaria?
–A mi me tocó un tiempo muy bonito porque era muy vocacional, muchos de los que entraron como médicos de familia llegaron con ganas de cambiar el sistema sanitario. A los pediatras, al ser formados en hospitales, no se nos enseñó a ser médicos de primaria, eso lo aprendimos con el tiempo.

–¿Cuál ha sido su hábitat natural como pediatra de atención primaria?
–Todos los que nos dedicamos a la primaria acabamos adaptándonos al ecosistema en el que nos movemos. Yo soy pediatra de cabecera de una zona deprimida de un barrio periférico de Madrid que inicialmente no tenía población inmigrante y que con los años ha ido siendo mayoritaria. Mi sala de espera es como la ONU, con gente de todos los colores, lo cual la hace más entretenida.

–¿Qué avances destacaría en estos años en la sanidad?
–No sé si se podría decir que ha habido avances. Qué pena, tengo que pensarlo... El pediatra de atención primaria es alguien muy valorado, siempre lo fue. La llegada del pediatra a la atención primaria ha aumentado, yo creo, el nivel de vacunación, que siempre fue bueno. Y la mayor preparación de los médicos que han ido llegando también ha permitido unas consultas más resolutivas y menos yatrogénicas. Uno de los principales peligros del pediatra de atención primaria es convertir a niños sanos en niños enfermos o en niños dependientes del sistema.

También es mucho menos frecuente el miedo ante la fiebre, que es algo que se tarda en perder, y ha disminuido la medicalización de los niños, que antes eran grandes consumidores de antibióticos.

–¿Y qué cambios políticos se han producido en la atención primaria?
–Hubo un momento muy bueno, pero actualmente estamos pasando un momento, al menos en la Comunidad de Madrid, bastante calamitoso. Durante unos años, incluso hasta el 2000, los que estaban encargados del sistema sanitario mantuvieron una línea coherente en la que la mayor parte de los profesionales nos sentíamos implicados. Había cierta sensación de comunión con los que daban las órdenes, lo cual hacía que todo fuera mejor y que uno se sintiera más ilusionado con el trabajo que realizaba. En los últimos años, al menos en la Comunidad de Madrid, se ha creado una zanja de incomunicación y de falta de conexión entre los que toman las decisiones y los que tenemos que ponerlas en práctica.

–¿Qué recuerda con más cariño de estos 25 años?
–Tengo la sensación de estar en un buen equipo. Somos mayoritariamente «socios fundadores» que llevamos 26 años aquí. Todos venimos de sitios lejanos de Madrid, podíamos haber cambiado de zona, pero lo que nos ha unido es precisamente eso, la sensación de que tenemos una misma forma de trabajar, lo cual hace que venir a trabajar sea agradable.

–¿Qué se ha quedado en el camino respecto a la concepción inicial de la Medicina de Familia y Comunitaria?
–La ilusión. Que los centros de salud no se conviertan en un edificio en el que parece que cada uno tiene su apartamento alquilado y no hay relación de grupo. Esa idea de equipo que hubo inicialmente se ha ido desmoronando.

–¿Sigue siendo nuestra atención primaria un modelo válido? ¿Da para 25 años más?
–Para los pediatras va a ser difícil porque cada vez hay menos en primaria. Ha habido un problema de planificación y no sé si será sostenible la idea que teníamos todos inicialmente de que los pediatras siguiéramos siendo pediatras de cabecera.

Parece que cada vez los obstáculos son mayores para que la atención primaria sea lo que pretendió ser inicialmente en los años ochenta. Creo que esto se está disgregando, no han acabado de ver la importancia desde arriba, se ha vuelto hacia el hospitalocentrismo pensando que la primaria es el lugar donde está el médico que no ha conseguido llegar más alto a nivel profesional. Es la sensación que tengo.

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