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Atención primaria en lucha

  • 15 Marzo 2019

Durante los últimos meses hemos asistido a importantes movilizaciones de los profesionales de atención primaria (AP) a lo largo y ancho de la geografía nacional. Se quejan del deterioro progresivo del primer nivel asistencial, un problema que exige soluciones políticas drásticas y urgentes.

Disminución de dotación económica; falta de planificación de recursos humanos; acumulaciones y sobrecargas por bajas laborales, jubilaciones, excedencias y vacaciones; precariedad y temporalidad en los contratos; disminución de plazas MIR que aún no cubren las necesidades en medicina de familia y comunitaria ni en pediatría y áreas específicas... Se trata de situaciones «que han llevado a los especialistas que ejercen en AP a niveles de abatimiento e indignación desconocidos hasta la fecha».

La declaración parte del Foro de Médicos de Atención Primaria, en el que se integran sociedades científicas como la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), la Sociedad de Pediatría Extrahospitalaria y de Atención Primaria (SEPEAP) y la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), además del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM), la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM) y la Organización Médica Colegial (OMC).

Todas estas entidades están en lucha para intentar salir de la grave crisis que afecta a nuestra AP desde hace años, teniendo en cuenta que los recortes derivados de la crisis económica la han dejado gravemente enferma, aunque también es cierto que la crisis no ha sido el único factor de su deterioro.

En las últimas semanas, el Foro de Médicos de Atención Primaria ha mantenido reuniones con el Ministerio de Sanidad para discutir posibles medidas que permitan aliviar los problemas actuales. De hecho, a finales de enero el Foro lanzó un mensaje de socorro para solucionar la precariedad laboral que atraviesan los profesionales, una situación que para el presidente de la OMC, Serafín Romero, cabe considerar como una «crisis de salud pública».

Maltrato a la profesión
Precisamente uno de los motivos que hicieron saltar la chispa fue el anuncio por parte de la Consejería de Sanidad de Castilla y León de su intención de contratar a médicos no especialistas para paliar las carencias existentes en esta comunidad en momentos excepcionales, una medida a la que se ha opuesto con rotundidad toda la profesión, lo que ha contribuido a que finalmente se descartase.

El Foro de Médicos de Atención Primaria declaró oficialmente que «la contratación de médicos de cualquier especialidad o sin título homologado para trabajar en AP, además de ser una imprudencia, implica un desconocimiento de la formación de Grado, donde es reconocido el déficit de formación específica en las mismas, existiendo aún una ausencia de formación específica en muchas facultades de medicina, así como un desprecio al colectivo de médicos especialistas en medicina familiar y comunitaria y pediatría y áreas específicas y al sistema de formación posgrado obligatorio (MIR). [...] Con esta medida, se menosprecia la salud de la población, el esfuerzo formativo realizado a lo largo de estos 40 años en el programa MIR, y el futuro de los médicos internos residentes, así como el papel de los tutores».

En opinión de Cristina Sánchez Quiles, responsable nacional de la Secretaría de Atención Primaria de la CESM, «es un auténtico disparate el planteamiento de contratar a médicos no especialistas para salvar la medicina familiar y comunitaria y la pediatría de AP por parte de la misma Administración, que nos exige una formación de cuatro años de duración para trabajar en nuestro sistema de salud. La respuesta a tal metedura de pata ha sido tremenda por parte de todo el Foro de Médicos de Atención Primaria y, por supuesto, por los propios profesionales».
Entre las posibles propuestas para solucionar el problema, esta especialista miembro del Foro explica que llevan años ofreciendo soluciones, como «la incentivación para cubrir puestos de difícil cobertura, la oferta de contratos en distinto horario con remuneración adecuada, contratos más estables a los sustitutos... Esto conlleva un gasto, pero no hay que ser gestor para saber que el gasto que una medida tan grave como la de contratar a no especialistas puede generar a medio plazo será muy superior».

Sobrecarga de trabajo
Los problemas de los profesionales de AP son muchos y de diverso tipo, aunque todos están relacionados de algún modo. La sobrecarga de trabajo, con consultas colapsadas y listas de espera para recibir atención, es una de sus puntas de lanza.

En opinión de Cristina Sánchez Quiles, todo esto se debe «a la poca inversión económica y a la gestión de ahorro practicada durante años por parte de las distintas comunidades a consecuencia de la crisis económica. La norma de no contratar a sustitutos para cubrir las ausencias de compañeros en el disfrute de sus permisos y que éstas sean asumidas por el resto de compañeros del equipo una y otra vez, incluso en épocas de elevada presión asistencial (epidemias de gripe, época invernal con elevada reagudización de patologías crónicas...), sumado a la jubilación forzosa de profesionales, a la no creación de nuevas plazas y al abuso de contratos precarios allí donde se ha sustituido algo, ha llevado a consultas diarias que sobrepasan por norma los 45 o 50 pacientes». «Es difícil sacar el trabajo con este panorama –añade–, asumiendo diariamente riesgos en la toma de decisiones y sabiendo que la Administración no te va a respaldar aunque te obligue a llevar ese ritmo. Aun así, son los profesionales de la AP los que están manteniéndola en pie, y de eso nadie tiene ninguna duda.»

Opinión parecida es la que expresa José Luis Almudí Alegre, presidente del Colegio de Médicos de Valladolid: «Actualmente el ejercicio de la medicina de familia vive una etapa de sobrecarga, por diferentes motivos, como el exceso de demanda ocasionado por la falta de profesionales a consecuencia de una mala planificación de directivos y políticos; una excesiva medicalización de la vida, por una demografía en la que predomina una población mucho más envejecida y con más patologías crónicas, y también el abandono de la AP por parte de los servicios regionales de salud, que han optado por dar prioridad a la dedicación y las inversiones de la atención hospitalaria. Esto último ha agravado aún más la falta de comunicación entre los diferentes niveles, haciendo que el sistema en su conjunto sea mucho menos eficiente. Este escenario nos ha llevado a la pérdida del trabajo en equipo, un valor muy importante en los equipos de AP, y a una sensación de decepción en muchos profesionales. Y a pesar de todo, la dedicación y el compromiso de los médicos están logrando que los pacientes no perciban estos problemas que venimos sufriendo».

Actualmente las listas de espera para obtener cita con el médico o el pediatra de AP son excesivas en muchos centros de salud. En Cataluña, por ejemplo, sólo uno de cada tres pacientes consigue cita en su centro en menos de cinco días. Para mejorar la situación, la responsable nacional de la Secretaría de Atención Primaria de la CESM cree que hay que empezar por descargar al médico de presión asistencial. «Eso sólo se logra con una gran inversión en las plantillas de médicos en los equipos de AP y disminuyendo el número de tarjetas sanitarias asignadas –sostiene–. Es decir, repartamos el trabajo entre más y repartámoslo mejor para obtener beneficios, salud de los pacientes y de los profesionales, y para recuperar la verdadera función de la AP. Una vez hecho esto, se deben cubrir todas las ausencias de los compañeros para evitar caer de nuevo en el error.»

Sánchez Quiles recuerda que dedicar al menos 10 minutos a cada paciente ha sido desde siempre la gran reivindicación de la AP. «La sobrecarga burocrática (informes, recetas, peticiones...) ha estado desde el principio –comenta–. En contra de lo que suponen los avances informáticos y exceptuando la receta electrónica (que tardó en funcionar, pero finalmente fue un acierto), los programas de incapacidad temporal, los informes médicos, los programas de conexión con servicios hospitalarios, etc., retrasan la consulta diariamente, pues fallan y no son nada ágiles. Si esto se añade a la sobrecarga asistencial que existe actualmente, está claro que vamos hacia atrás. Estamos de acuerdo en que cada médico debe tener un cupo adjudicado, pero en la cantidad que le permita ser resolutivo y ejercer su especialidad con la mayor calidad posible, y eso engloba una serie de procesos que requieren un mínimo de 10 minutos.»

Todos estos problemas ya existentes se unen a potenciales problemas futuros, fruto de una mala planificación que debería resolverse: «La situación de la AP es aún más grave de lo que parece –advierte Sánchez Quiles–, teniendo en cuenta que en los próximos 10 años se jubilarán aproximadamente 15.000 médicos de familia y casi 2.500 pediatras de AP. Por lo tanto, una de las medidas a corto-medio plazo debería ser prever el número de plazas MIR de ambas especialidades con tiempo suficiente para cubrir esas necesidades, y para ello facilitar desde el Ministerio de Educación la acreditación necesaria a los centros. Parece ser que ya se está planteando a este nivel, después de muchos años avisando de la situación».

En busca de soluciones
En las reuniones del Foro de Médicos de Atención Primaria se están barajando diversas propuestas: «Ante situaciones de necesidad –señala el Foro en una de sus declaraciones recientes–, en especial para plazas de difícil cobertura, solicitamos a las Administraciones sanitarias medidas que pasen por una mayor remuneración económica, mayor puntuación por la estancia en estas plazas y mayor estabilidad en el empleo, con contratos de larga duración como medidas de incentivación».

A mediados de enero, la ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo, y el portavoz del Foro de Médicos de Atención Primaria, Salvador Tranche, presentaron la propuesta del Marco Estratégico para la Atención Primaria de Salud 2019. De hecho, en noviembre del pasado año se acordó elaborar un documento de consenso que se aprobará en una futura reu­nión del Consejo Interterritorial.

Carcedo declaró que «la AP necesita que volvamos a poner la mirada sobre ella como garante de la atención integral a la población, de la universalidad y de la equidad del sistema, tal como indica la Ley General de Sanidad». Para alcanzar estos objetivos, la ministra señaló que se requieren recursos, por lo que se refirió a «la financiación concreta y la distribución de recursos que derivan de la responsabilidad de gestión de los servicios de salud de cada una de las comunidades autónomas».

Respecto al déficit de facultativos, Carcedo mencionó el retraso voluntario de la jubilación como una solución a corto plazo, especialmente en zonas rurales de las comunidades autónomas más afectadas. También puso énfasis en el aumento de plazas MIR en la convocatoria de este año –el examen fue el pasado 2 de febrero–, concretamente 360 más que en 2017.

En cualquier caso, desde Sanidad se subraya la necesidad de adoptar medidas para impulsar la AP, afrontar la fatiga laboral, el papel de las tecnologías y el sistema de información o el déficit de profesionales. Salvador Tranche, actual presidente de la semFYC, opina que «los profesionales están en una situación de crispación enorme y de gran agotamiento. Hay una carencia de presupuesto muy importante y una gran desigualdad en el reparto de recursos».

Respecto a las reuniones mantenidas hasta ahora con la Administración, Cristina Sánchez Quiles, en calidad de miembro del Foro de Médicos de Atención Primaria, puntualiza que esas reuniones no se han celebrado por iniciativa de la propia Administración: «Una AP quemada por la situación, las presiones y huelgas en distintas comunidades, y los comunicados y presiones por nuestra parte y la del Foro de Médicos de Atención Primaria han puesto al Gobierno en una situación en la que o bien se enfrenta al problema o bien le explota en las manos. Desde hace años no había habido tantas llamaradas encendidas a la vez, y hay que aprovechar la ocasión. Hasta ahora el contenido de las reuniones ha sido un conjunto de buenas intenciones y teorías que ya hemos escuchado. Lo que sí tenemos claro desde la CESM es que sin un presupuesto suficiente y sin aumento de recursos humanos no hay nada que hacer. Una vez asuman esta necesidad, se podrá avanzar en otras soluciones».

Elecciones a la vista
En las próximas semanas y meses, con una situación política incierta debida a la convocatoria de elecciones generales para el 28 de abril, podremos comprobar si todas esas llamaradas siguen activas o se han podido extinguir algunas.
Para Salvador Tranche, «el diagnóstico ya está muy hecho y lo que necesitamos es que las decisiones sean rápidas». En su opinión, no se trata solamente de conseguir más recursos, sino de realizar «un cambio de modelo» en el que participen los médicos de familia y pediatría, así como el resto de los profesionales que trabajan en este nivel asistencial.

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  • Modificado por última vez en 15 Mar 2019, 10: 53

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