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Ética médica en las redes sociales

Del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM) nació la propuesta de elaborar un manual de estilo para médicos sobre el buen uso de las redes sociales, un documento del que ya existe un borrador y que ha sido consensuado por un grupo de facultativos, que son referentes de la profesión en la red, y por estudiantes de medicina.

«El acto médico va más allá del mero acto clínico o asistencial y entra con fuerza en la realidad de las redes sociales». Son palabras del presidente del CGCOM, Juan José Rodríguez Sendín, expresadas en una carta abierta, dirigida a los médicos españoles, para anunciar el manual de estilo dirigido a ellos para saber desenvolverse en las redes sociales respetando el código ético de la profesión.

En el borrador del manual han trabajado facultativos nacionales, conocidos por sus blogs personales o por su participación habitual en lugares como Twitter o Facebook, profesionales que se han ganado el reconocimiento de sus colegas, como son Rafael Olalde , Beatriz Satué, Rosa Taberner, Marian Jiménez Aldasoro, José Antonio Trujillo, Rodrigo Gutiérrez Fernández y Mónica Lalanda, además de miembros del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM) como Iris Mar Hernández, Jesús José Camacho, Enrique Sánchez Aciaga, Emilio Delgado y Guillermo Jiménez.

Para Rodríguez Sendín, vivimos una etapa de cambios intensos donde las nuevas tecnologías acaparan nuestra atención y nos abren un inmenso abanico de posibilidades, tanto para la sociedad en general como para la profesión médica. «Nos comunicamos con nuevos sistemas inmediatos y virales –añade–, vislumbramos las redes sociales no sólo como medio para informarnos y relacionarnos con los demás, sino como una herramienta médica. Nunca antes había sido tan borrosa la línea entre lo personal y lo profesional. Muchos médicos nos movemos en las redes presentándonos como médicos, incluso con las batas blancas, los fonendos o los pijamas de quirófano. Estamos ante una nueva situación en la cual el médico fuera de su consulta continúa queriendo demostrar a la sociedad lo que es y esto es muy positivo».

Sin embargo, el presidente del CGCOM subraya que mientras los facultativos trabajan en el día a día teniendo muy clara la faceta ética de sus acciones y guiándose por el Código de Deontología Médica, en este nuevo escenario se corre el peligro de ignorar, de manera inocente, las normas más básicas, como la confidencialidad, permitiendo que se diluya esa responsabilidad.

«Los médicos, como cualquier otro ciudadano, somos muy libres de utilizar las redes sociales como más nos guste –declara Rodríguez Sendín–, pero si decidimos interactuar o presentarnos como médicos es aconsejable mantener el mismo rigor científico y la misma actitud ética que en la consulta».

El borrador del manual de estilo se presentó en mayo en Bilbao, en el marco del I Congreso Nacional de Deontología Médica, donde Mónica Lalanda, en representación de los autores del proyecto, desgranó los diversos apartados que aborda el documento. Posteriormente, a principios de junio, lo presentó en el Colegio de Médicos de Barcelona en una jornada sobre Salud 2.0.

Ética médica en la red
Según Lalanda, «lo que realmente hemos hecho es aplicar el Código Deontológico, trasladándolo de la consulta a las redes sociales y a internet en general. Hemos creado poco contenido nuevo, pues lo que hemos hecho es adaptarlo al nuevo escenario o paradigma en el que nos encontramos ahora los médicos».

Además de dicho código, las guías elaboradas en otros países también han supuesto una fuente de conocimiento sobre el tema. «Esas guías nos han servido mucho y han sido nuestra bibliografía. Además, hemos copiado lo que ha funcionado en otros países y evitado lo que no ha funcionado». Sobre este punto se refiere, por ejemplo, a la guía de Australasia, de la que se copió la idea de que participaran en su elaboración los estudiantes de medicina.
«De la guía inglesa –continúa Mónica Lalanda- hemos evitado las imposiciones que hicieron, que cayeron fatal en el ámbito médico inglés y que obligó a dar marcha atrás». Por ese motivo, en el manual español se ha huido de imposiciones y se ha optado por un tono más positivo y relajado, incluso en su título como manual de buen uso de las redes sociales y no como código.

Asimismo, Lalanda también destaca el hecho de presentar el borrador y dejarlo abierto para que todos los médicos pudieran opinar, antes de presentar el documento definitivo. «Nos pareció una buena idea para evitar que nos ocurriera como a los ingleses», afirma. Se puede consultar en la web http://eticamedicarrss.com/

Confidencialidad y secreto médico
El borrador consta de siete apartados. El primero subraya la obligatoriedad de proteger y mantener el secreto de cualquier información sobre los pacientes.

El Código Deontológico, en su Artículo 27.2, dice al respecto: «El secreto comporta para el médico la obligación de mantener la reserva y la confidencialidad de todo aquello que el paciente le haya revelado y confiado, lo que haya visto y deducido como consecuencia de su trabajo y tenga relación con la salud y la intimidad del paciente, incluyendo el contenido de la historia clínica».

Se trata de uno de los principios éticos que tienen más interiorizados los médicos y que ya viene reflejado en el Juramento Hipocrático: «Guardaré secreto sobre lo que oiga y vea en la sociedad por razón de mi ejercicio y que no sea indispensable divulgar, sea o no del dominio de mi profesión, considerando como un deber el ser discreto en tales casos».

Sin embargo, no es difícil encontrar en Twitter o Facebook comentarios o fotografías de pacientes cuyos casos pueden ser reconocibles, o imágenes diagnósticas en las que no se ha ocultado el nombre del enfermo. En ocasiones son producto de cierta ingenuidad, de una necesidad casi enfermiza de compartir información sobre lo que está haciendo uno en cada momento. Otras veces ocurre por la necesidad de intercambiar información médica o pedir consejo a otros colegas. Puede existir una sensación de falsa privacidad en el uso de las redes sociales que, incluso de manera inocente o casi inconsciente, acaba rompiendo las reglas relativas al secreto médico.
«Si bien utilizar una imagen médica con el permiso del paciente como caso clínico de interés en redes sociales es algo muy positivo, el riesgo de mostrar información sin un objetivo claro, sin permiso, exponiendo al paciente a ser reconocido y sin una ventaja para el paciente ni para el mundo científico tiene un enorme riesgo y rompe normas deontológicas básicas», se señala en el documento.

Pacientes virtuales
Es habitual que la gente pregunte cosas sobre salud o enfermedades propias a las personas que reconoce como médicos fuera de la consulta. Ha ocurrido desde siempre y todo médico lo asume. El problema sobreviene cuando un paciente desconocido para el médico expone sus problemas de salud y éste último proporciona consejo en un ámbito público, disponiendo de información limitada.

El Código Deontológico recoge en su Artículo 38 que «los médicos compartirán sus conocimientos científicos en beneficio de los pacientes», y si bien reprueba el ejercicio clínico de la medicina exclusivamente mediante teleconsulta (Artículo 26.3), sí que manifiesta que es éticamente aceptable en caso de una segunda opinión entre profesionales, siempre que sea clara la identificación mutua y se asegure la intimidad.

En cualquier caso, aunque no existe ninguna obligatoriedad de contestar a este tipo de consultas abiertas que un médico puede recibir en la red, siempre puede considerarse adecuado recomendar al emisor de la pregunta una fuente fiable (web, blog, etc.) donde pueda resolver sus dudas, o indicarle que consulte a su médico.

Los autores del manual, por otra parte, creen que es recomendable aprovechar el poder amplificador de las redes sociales para resolver dudas que pueden ser de interés general y realizar así una labor divulgadora que puede ser muy enriquecedora, por ejemplo en temas de salud pública o promoción de hábitos de vida saludables.

Actitud e imagen
El cuidado de la actitud y la imagen del médico como usuario de redes sociales es el tercer punto del documento. Los profesionales sanitarios se han caracterizado por una serie de valores que forman parte de los cimientos de su prestigio y reputación profesional como colectivo, unos valores que conllevan determinados comportamientos «ejemplares» que son los que la sociedad espera de ellos. Para los autores del manual, aquellas actitudes que no respondan o no se ajusten a tales valores contribuyen a deslegitimar y socavar la reputación de los médicos en general y la confianza de la sociedad en la profesión. Y esto sucede tanto en la vida cotidiana como en las redes sociales.

Por ello, en el manual se hace un llamamiento a evitar actitudes insensibles, frívolas o poco acordes con unas elementales normas de urbanidad, educación, cortesía y respeto. Asimismo, se recomienda no opinar con ligereza respecto a temas médicos, actuar y comportarse con prudencia, y valorar siempre el contexto, los interlocutores y el tema abordado, así como las referencias y fuentes utilizadas.

Nuevas tecnologías
A ningún paciente le gustaría que su médico interrumpiera el desarrollo de la consulta para contestar un tweet o un whatsapp. Tampoco para atender una llamada de teléfono sobre un asunto que percibimos como trivial. Está claro que la tecnología ha invadido nuestras vidas y nuestro trabajo. A la hora de atender a un paciente esa tecnología puede ser útil como una herramienta más incluida en la comunicación médico-paciente. Por ejemplo, enseñarle una página web o una aplicación de móvil que le puede ser útil. Lo que debe evitarse es emplear esas tecnologías para actos que no tienen que ver con la consulta que se está desarrollando.

En este sentido, se recomienda evitar interrupciones, en particular si pueden afectar a la intimidad y confidencialidad de los datos, así como hacer y recibir llamadas telefónicas o intercambios virtuales que no sean absolutamente imprescindibles.

Responsabilidad sobre la información médica
«Internet es una jungla de información médica», dice Mónica Lalanda en la entrevista adjunta a este reportaje. Todos sabemos que en la red de redes se puede encontrar de todo, y al lado de contenidos sobre medicina y salud contrastados, fiables y de calidad, los hay que no cumplen los mínimos criterios de credibilidad y que pueden llegar a ser perniciosos para los pacientes.

El Código Deontológico considera la información al paciente como un acto clínico, y por lo tanto cualquier información médica que un facultativo vierta en internet o las redes sociales, que pueda ser leída por pacientes o potenciales pacientes, debe cumplir una serie de criterios, entre ellos que sea comprensible, veraz, ponderada y prudente.

Entre otros aspectos, los autores del manual indican que debe evitarse lanzar, de modo indiscriminado, mensajes que despierten alarma social, siembren confusión o dudas respecto al cuidado, mantenimiento o prevención de la salud. Además, recuerdan que la responsabilidad del médico como autor de la información «no se diluye por el hecho de que el receptor de la misma sea múltiple, simultáneo, desconocido y con posibilidad de interacción».
Por otra parte, los médicos también tienen cierta responsabilidad a la hora de combatir esas informaciones erróneas, incluso nocivas, que abundan en la red, dado que, según el Código Deontológico, tienen el deber de fomentar la educación médica de los pacientes. De ahí que los autores del documento consideren altamente deseable «estar alerta e interceptar, siempre que sea posible y adecuado, la información médica no veraz que pueda alarmar a la población o poner en riesgo su salud».

Relaciones entre compañeros
Otro de los aspectos abordados en el borrador del manual de estilo hace referencia a los conflictos en público que puedan darse entre colegas de profesión, tanto a nivel particular como colectivo. Al fin y al cabo, no deja de ser una cuestión de imagen pública.

Decía Gregorio Marañón que «la ética del médico frente a los demás médicos entra de lleno en aquellas reglas de la mera educación y cortesía. En la mutua relación entre los médicos deben existir los mismos cuidados que existen entre los hombres civilizados que comparten la misma tarea en el deseo de ayudarse y de no estorbarse entre sí».

Por lo tanto, no es de cajón ver en un foro o una red social cómo médicos de esta o aquella especialidad, o de este o aquel país, se lanzan pullas con absoluta descortesía y mala educación. En caso de discrepancias sobre temas médicos o profesionales las redes sociales pueden ser un instrumento útil para el diálogo, pero no caben las descalificaciones y las expresiones peyorativas sobre compañeros y otros profesionales sanitarios, así como las alusiones a los ámbitos personales y privados de otros colegas. Al respecto, el Código Deontológico señala que «la confraternidad entre los médicos es un deber primordial, y sobre ella sólo tienen preferencia los derechos del paciente» (Art. 37).

Publicidad, marketing y branding
El último apartado hace referencia a estos temas, recordando que la Ley General de Publicidad de 1988 considera ilícita, entre otras, la publicidad engañosa, desleal, subliminal y aquella que atente contra la dignidad de la persona o vulnere los valores y derechos reconocidos en la Constitución, especialmente en lo que se refiere a la infancia, la juventud y la mujer. Eso es en general, porque en el ámbito sanitario se promulgó en 1996 el Real Decreto 1907/1996 sobre publicidad y promoción comercial de productos, actividades o servicios con pretendida finalidad sanitaria.

Además de detallar las prohibiciones y limitaciones de determinados productos o sustancias, especifica qué actuaciones de los profesionales sanitarios son legales o ilegales en materia de promoción y publicidad de sus servicios propios, de sus centros de trabajo o de los distintos tipos de productos.

Sobre la publicidad médica en sí, el Código Deontológico establece que debe ser «objetiva, prudente y veraz, de modo que no levante falsas esperanzas o propague conceptos infundados» (Art. 65.3), y que «el médico no utilizará la publicidad para fomentar esperanzas engañosas de curación ni para promover falsas necesidades relacionadas con la salud» (Art. 65.5).

Asimismo, otro de los artículos indica que «no son éticas las prácticas inspiradas en el charlatanismo, las carentes de base científica y que prometen a los enfermos la curación, los procedimientos ilusorios o insuficientemente probados que se proponen como eficaces, la simulación de tratamientos médicos o intervenciones quirúrgicas y el uso de productos de composición no conocida» (Art. 26.2).

Anunciarse en internet o en las redes sociales ofreciendo servicios médicos es lícito, pero siempre dentro de unas normas. Unas normas que no siempre se respetan, ya que la publicidad, el marketing y el branding (proceso de creación de una marca), dependiendo de cómo se lleven a cabo, pueden entrar en conflicto con la ética, e incluso la legalidad, de la práctica médica.

Mónica Lalanda recuerda que lo ético y lo legal se dan la mano muchas veces y que con frecuencia en los colegios de médicos se denuncian anuncios de servicios falsos que pueden resultar dañinos. «Por ejemplo –comenta–, hemos visto en las redes sociales anuncios de clínicas de reproducción asistida que ofrecen un 100% de éxito en las posibilidades de embarazo. Como médicos, es difícil verlo y no actuar contra ello».

En este sentido, el manual de estilo reconoce que la reputación del profesional, tanto dentro como fuera de la red, es uno de los mayores activos de cualquier médico o institución sanitaria, y que la promesa de valor de cualquier profesional o institución sanitaria debe respetar la libertad y dignidad de los pacientes, y ser justa con su realidad.
Del mismo modo, el prestigio profesional médico es el que fomenta las relaciones de confianza con los pacientes, que puede hacerse más visible a través de la publicidad, el marketing y la marca personal, los cuales han de ser siempre objetivos, prudentes y veraces. 

 

 

Decálogo sobre el uso de las redes sociales para médicos

El Departamento de Web Médica Acreditada del Colegio de Médicos de Barcelona realizó en 2011 un análisis de las recomendaciones internacionales de diferentes instituciones y organizaciones sanitarias que se resumen en el siguiente decálogo:

  1. Las redes sociales (RS) proporcionan nuevas vías de comunicación con los pacientes, el público en general y otros profesionales de la salud. Sin embargo, es necesario considerar diversos aspectos para garantizar un uso profesional seguro, útil y dentro de la legalidad y de los requerimientos éticos necesarios.
  2. Configure niveles altos de privacidad en las plataformas y webs de las redes sociales. Aun en este caso, se debe tener en cuenta que no toda la información puede protegerse en internet y lo fácil que resulta acceder a ella.
  3. Es conveniente garantizar los estándares de privacidad y confidencialidad de la información de los pacientes, y asegurarse de que ningún paciente pueda ser identificado por la combinación o la suma de información disponible en la red. Igualmente, se debe respetar la propiedad intelectual de la información y de los contenidos.
  4. Recordar que lo que se encuentra online probablemente estará para siempre, por tanto hay tener cuidado con lo que se dice y cómo se dice.
  5. Es recomendable no ofrecer consejos médicos personalizados en las RS. Si se utilizan para servicios de información general o promoción de la salud, es importante especificar claramente sus objetivos, características de uso y limitaciones. Debería incluirse en el registro de la Historia Clínica Electrónica cualquier interacción relevante que se haya establecido en las RS.
  6. En general es prudente no establecer amistades electrónicas con nuestros pacientes actuales si no es en el contexto de una relación médico-paciente. Algunas instituciones indican que si se trata de antiguos pacientes no es recomendable establecer dicha «amistad» online. Es importante separar siempre de forma clara los perfiles y contenidos personales y profesionales.
  7. Deben seguirse las recomendaciones de la organización sanitaria para la que se trabaja en relación al uso de las RS. Si no están establecidas, debe considerarse seriamente sugerir su implementación lo antes posible, teniendo en cuenta que, si es el caso, los servicios realizados en las RS deberían considerarse como un servicio más entre los ofrecidos por dicha organización sanitaria.
  8. Indicar siempre cuándo se está opinando o participando en una RS en representación de la institución para la que se trabaja, y si no es el caso manifestar claramente que las opiniones son personales.
  9. Si se encuentra identificado como médico, es recomendable que las opiniones y afirmaciones vertidas en las RS reflejen estándares adecuados de conducta y comportamiento profesional.
  10. Cualquier forma de comportamiento inapropiado online puede potencialmente dañar la relación médico-paciente y/o con otros colegas. Debemos ser respetuosos también en los comentarios realizados sobre colegas y departamentos e instituciones de salud.s casi la obligación de interceptar titulares sensacionalistas que pueden producir daños reales a las personas.» clásicos, que han existido desde siempre, entre el médico hospitalario y el médico de atención primaria. En este sentido, hacemos un llamamiento para que se utilicen las redes sociales como herramienta para dialogar y no como un sitio para «tirarse los trastos a la cabeza». 

 

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  • Modificado por última vez en Viernes, 04 Julio 2014 08:50
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