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DMAE, edema macular diabético y glaucoma

Pere Romero
Jefe del Servicio de Oftalmología. Hospital Universitari Sant Joan de Reus (Tarragona)

 

Degeneración macular asociada a la edad (DMAE)
Ante la sospecha de DMAE, hay que comprobar la presencia de drusas maculares mediante cámara no midriática y, si hay metamorfopsia, mediante una rejilla de Amsler. En caso de no disponer de la rejilla, se puede preguntar al paciente si ve los marcos de las ventanas o puertas de la consulta torcidos o deformados.

En los casos de drusas pequeñas (≤63 µm, sin alteraciones pigmentarias), la seguridad de que no evolucionen es bastante elevada. En cambio, en los pacientes con drusas intermedias (≤63 y ≤125 µm, sin alteraciones pigmentarias) o grandes (>125 µm, con hiperpigmentaciones o hipopigmentaciones), se ha de realizar un seguimiento estrecho.

Debe realizarse consejo y seguimiento dietético para mejorar el aporte de ácidos grasos poliinsaturados tipo omega-3, luteína y zeaxantina. También ha de aconsejarse dieta mediterránea y la cesación tabáquica.

Edema macular diabético (EMD)
Es básico hacer el cribado de EMD entre los pacientes diabéticos mediante retinografías periódicas.

La presencia de exudados duros en el área macular debe hacer sospechar EMD. La afectación del centro de la mácula permite establecer el diagnóstico.

Hay que controlar de forma estricta los niveles de lípidos en los pacientes con EMD (especialmente colesterol LDL y triglicéridos) y vigilar la función renal.

Si se utilizan corticoides intravítreos existe un riesgo muy elevado de formación de cataratas (en algunos fármacos del 100%) y de desarrollo de glaucoma.

Glaucoma
Es necesario insistir periódicamente en la importancia del buen cumplimiento terapéutico. El paciente deberá mantenerlo de forma estricta de por vida.

Muchos fármacos habituales en atención primaria incluyen la recomendación de no administrarlos en caso de glaucoma, sin dar más explicaciones. Pero la mayoría de veces no afectan a los pacientes con glaucoma crónico de ángulo abierto.

Atención a los posibles efectos secundarios sistémicos de los betabloqueadores en los pacientes con riesgo cardiovascular. Indicar este riesgo al oftalmólogo por si se puede sustituir la medicación.

El empleo de corticoides por vía sistémica incrementa la presión intraocular en el paciente con glaucoma crónico de ángulo abierto. Es preciso intensificar los controles de presión intraocular mientras dure el tratamiento.

El síndrome de ojo seco es muy habitual en los pacientes con glaucoma crónico de ángulo abierto de larga evolución. Los derivados de las prostaglandinas pueden provocar cambios de coloración del iris o el crecimiento de las pestañas.

Ciertos medicamentos oculares hipotensores deben evitarse durante el embarazo (brimonidina) o utilizarse con especial precaución (betabloqueadores durante el segundo y tercer trimestre).

 

 

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  • Modificado por última vez en Viernes, 16 Junio 2017 07:50

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