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Los pacientes que debutan con esquizofrenia tardan una media de dos años en recibir tratamiento

Este fin de semana se celebra la reunión Meet the Expert, que organiza Otsuka-Lundbeck y que convocará a más de 500 profesionales del ámbito de la salud mental para discutir sobre los avances en psicosis.

Durante el evento Celso Arango, presidente electo de la Sociedad Española de Psiquiatría, y Patrick McGorry, fundador de la Fundación Nacional de Salud Mental Juvenil en Australia, han expuestos los motivos científicos y económicos por los que es imprescindible empezar a diagnosticar y tratar la psicosis antes.

En este sentido, una de cada tres personas con esquizofrenia y sus familiares consideran que el tratamiento médico, psicoterapéutico y los programas de rehabilitación llegan tarde, según datos del estudio VOZ, que analiza las necesidades de estas personas. De hecho, actualmente, el tiempo transcurrido entre la aparición de síntomas y el primer contacto terapéutico puede superar los 2 años en los pacientes con esquizofrenia.

Actualmente se considera que un 3% de los españoles tendrá algún trastorno psicótico en algún momento de su vida, con un comienzo habitual al final de la adolescencia o edad adulta temprana. Arango apunta que “la relación existente entre la duración de la psicosis no tratada y las consecuencias clínicas, sociales y económicas, nos llevan a concluir que es necesario implementar en España intervenciones tempranas inmediatamente después de detectar las primeros síntomas de psicosis”.

“A esta tardanza se suma que no se ofrece un tratamiento integral, ni una continuidad asistencial. Es decir, los servicios están fragmentados (asistenciales, de hospitalización, de abuso de sustancias, psicosociales, etc.) lo que supone que no haya una visión global del tratamiento del paciente”, añade Arango.

McGorry, figura clave en la implantación de programas de intervención temprana en este país, comenta: “En Australia, en cambio, los equipos de tratamiento son interdisciplinares, formados por psiquiatras, psicólogos, enfermeras, trabajadores sociales y terapeutas ocupacionales, incluso un especialista para la implementación del modelo de intervención temprana. Esto nos asegura un tratamiento integral de los jóvenes”.

Según datos de un estudio publicado en BMJ Open y llevado a cabo en Inglaterra, un tratamiento de la psicosis y esquizofrenia temprano podría conllevar un ahorro anual del 81% de los costes sanitarios que estas enfermedades asociados. En concreto, se estima un ahorro de 5.616 € por paciente, que fueron tratados durante 6 meses por los servicios de atención temprana, en comparación con el tratamiento habitual (de 7.910 € a 1.493 €). El ahorro fue debido principalmente a una menor duración de la estancia en el hospital.

Este mismo estudio, calculó un ahorro de 2.434 € por persona en 3 años, con mejores tasas de empleo en los pacientes que recibieron programas de intervención temprana. En concreto, se estima que estos pacientes tienen al menos un 116% más de probabilidades de obtener un trabajo y un 52% de emanciparse. Además, la disminución de los suicidios en este grupo de pacientes supuso un ahorro anual de 1.116 € por paciente. Todos estos datos han hecho que en el Reino Unido, por ley, el sistema público de salud (NHS) debe proveer de servicios de intervención precoz para la psicosis en el plazo máximo de dos semanas.

“Llevamos desde los años 80 trabajando en el abordaje temprano de las enfermedades mentales, como la psicosis. El resultado es que este año 95.000 jóvenes se beneficiaron de nuestros programas de mejora de la salud mental. Nuestro propósito es que el año 2020, todos los jóvenes australianos tengan acceso al conocimiento, habilidades y servicios necesarios para darles apoyo en momentos de enfermedad mental”, explica McGorry.

La salud física de las personas con psicosis está comprometida desde las primeras fases de la enfermedad, y aquellas intervenciones centradas en la salud física que prevengan el tabaquismo, sedentarismo y la obesidad e introduzcan hábitos saludables de vida, pueden incidir favorablemente sobre los parámetros de salud global y contribuir a prevenir posteriores complicaciones comunes en pacientes con trastornos psicóticos. Patrick McGorry explica: “Hemos lanzado con éxito el programa vida Sana Activa (Healthy Active Lives [HeAL]) para mejorar la salud física y el bienestar de las personas con psicosis, y permitir que los jóvenes que padecen este trastorno puedan tener la misma esperanza y expectativas de vida que aquellos que no”.

El estudio publicado en BMJ Open asegura que los pacientes tratados con intervención temprana mejoran en un 17% su estabilidad emocional y bienestar según el ratio HoNOS (Health of the Nation Outcome Scales), un instrumento de evaluación desarrollado por la Unidad de Investigación del Royal College of Psychiatrists británico para medir el rango de problemas físicos, personales y sociales asociados a la enfermedad mental.

Más formación para educadores y médicos de atención primaria
El estigma asociado a las enfermedades mentales y concretamente a la psicosis sigue muy arraigado en España. Arango comenta: “Esto es otra importante barrera para que los jóvenes españoles acudan de forma temprana a los servicios de salud mental, además provoca situaciones discriminatorias en diversos ámbitos de su vida diaria que afectan a su integración social y calidad de vida”.

En este sentido, los programas de intervención temprana que se han llevado a cabo en Australia han tenido una influencia sobre la filosofía y el modo de tratar la salud mental. “Para reducir la estigmatización nos hemos orientado hacia la creación de centros de salud mental y bienestar centrados en los jóvenes, en lugar de ‘centros de psicosis’. La filosofía de este tipo de servicio hace hincapié en la colaboración con las personas jóvenes para asegurar que prestan un apoyo y se muestren receptivos”, puntualiza McGorry.

Además, los servicios sanitarios españoles están sobre todo centrados en la asistencia de la enfermedad cronificada y trastornos mentales de larga evolución. La actividad preventiva es baja y los profesionales que más están en contacto con la población de riesgo de esquizofrenia y otras psicosis carecen de las herramientas o de un mayor apoyo para posibilitar la detección precoz.

En este sentido, es frecuente que antes que se produzca el primer episodio de psicosis, hayan existido señales detectadas en atención primaria, en la escuela o de los servicios sociales, pero que seguramente no fueron adecuadamente evaluadas y/o atendidas. Arango añade: “Es necesario educar al público en general sobre los signos que pueden preceder a la psicosis y realizar una formación específica para profesores y médicos generales.”

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