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Los tratamientos antiinflamatorios, beneficiosos para mejorar el pronóstico de pacientes con enfermedad mental grave

Más de 1.400 psiquiatras españoles se reúnen hasta el 29 de octubre en Palma de Mallorca con motivo del XIX Congreso Nacional de Psiquiatría, organizado por la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB) y la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (FESPM).

Bajo el lema “Psiquiatría de excelencia para los nuevos tiempos”, se tomará el pulso a la investigación española, a través de las más de 120 actividades programadas y 600 comunicaciones científicas presentadas.

Biomarcadores frente a las enfermedades mentales graves
“Se estima que un 25% de los españoles sufre al menos una enfermedad mental a lo largo de su vida”, explica Miguel Bernardo, presidente de la SEPB. Las enfermedades mentales abarcan un número importante de dolencias que van desde los trastornos neurológicos hasta el consumo de sustancias tóxicas. “Las enfermedades que más afectan a la población española, e igualmente a los ciudadanos de las Islas Baleares, son la depresión y la ansiedad, tras las cuales aparecen otros trastornos graves como son la esquizofrenia, el trastorno bipolar o el trastorno obsesivo-compulsivo”, asevera Bernardo.

La esquizofrenia es uno de los trastornos mentales más graves y de difícil diagnóstico. En este sentido, en el Congreso se estudiará el avance fundamental que está suponiendo la identificación de biomarcadores en las áreas de neuroimagen, genética y neurofisiología que están permitiendo afrontar las dificultades de diagnóstico y validar de una manera más objetiva el tratamiento a los pacientes en esta enfermedad.

Otra línea de investigación muy prometedora en este tipo de enfermedades mentales graves y en la que España está ejerciendo un liderazgo internacional es el estudio de tratamientos antiinflamatorios para paliar los efectos de los brotes así como mejorar su pronóstico a largo plazo.

“Sabemos que la inflamación está presente en estas enfermedades, especialmente en los episodios agudos o brotes, gracias a unos marcadores de inflamación que encontramos en el torrente sanguíneo”, explica Ana María González-Pinto Arrillaga, presidenta electa de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica y psiquiatra del Hospital Universitario de Álava. “Y estamos avanzando en el conocimiento del aporte de los fármacos anti-inflamatorios para paliar o aminorar los efectos de los episodios, buscando sustancias que han demostrado tener una capacidad para destruir la inflamación a largo plazo”. Su eficacia podría ser incluso preventiva, para personas que han presentado algún síntoma y están en riesgo de desarrollar alguna de estas enfermedades.

A día de hoy, los investigadores españoles saben que la inflamación juega un papel muy relevante en el origen físico de la enfermedad mental. “Hemos visto que las personas que tienen peor cognición en psicosis -es decir, peor atención, capacidad de memoria, capacidad ejecutiva a la hora de tomar decisiones o resolver problemas- son las que tienen mayor inflamación. Y cuantos más factores inflamatorios, más daño se produce en el sistema nervioso central, de ahí que las capacidades de esas personas sean peores. Esta relación es uno de los hallazgos que hemos tenido”. Y, al igual que se está estudiando en psicosis, se ha evidenciado un aumento de factores de inflamación en pacientes con autismo y trastorno bipolar.

Del consumo de nuevas drogas psicoactivas a las adicciones tecnológicas
Pero la psiquiatría española también se encuentra con retos presentes pero sobre todo futuros, ligados a los nuevos estilos de vida que están provocando en los últimos años cambios en el perfil de las conductas adictivas, apareciendo nuevas adicciones o nuevos patrones de consumo, que repercuten tanto en el estado de salud como en la aparición de nuevas patologías.

“Los psiquiatras vamos muy perdidos, porque es una realidad que está cambiando mucho y muy rápido”, afirma Marta Torrens, directora de adicciones de Hospital de Mar (Barcelona). Un ejemplo son las nuevas sustancias psicoactivas: de origen sintético, elaboradas en laboratorios clandestinos y que imitan los efectos de las drogas clásicas, y que dependiendo de la sustancia se venden como incienso, especias, fertilizantes o abonos para plantas, sales de baño, limpiadores o mezclas de plantas. En 2015 se detectaron 98 sustancias nuevas por primera vez en nuestro país, lo que eleva el número de sustancias vigiladas a más de 560, de ellas 380 (un 70 %) detectadas en los últimos 5 años.

“Tenemos muy pocos estudios farmacológicos que nos digan qué es lo que hacen en el cuerpo. Tenemos más información de los efectos que observamos”. El primer contacto con las personas que consumen estas drogas es en el ámbito médico de urgencias. “Aparecen con agitación, ansiedad, cuadros de depresión grave o psicóticos agudos como alucinaciones”. Se estima que en España, el 13% de entre 15 a 35 años ha tomado alguna sustancia. “El principal público son los jóvenes, quienes las adquieren sobre todo por internet. Algunos de ellos son los “psiconautas”, personas que prueban todas las sustancias que se encuentran en la web”.

Por otra parte, los adolescentes tienen mayor riesgo de implicarse en conductas adictivas con las nuevas tecnologías, en especial los pacientes con trastorno por déficit de atención e hiperactividad. La dificultad de adaptación interpersonal, de rendimiento académico y laboral, de autoestima, es un campo propicio para la búsqueda de distracciones con las nuevas tecnologías. “Hablamos de adicciones a videojuegos -solo o con otros- , juego online, consumo de determinados contenidos de la red, chatear”, explica Enriqueta Ochoa, psiquiatra del Hospital Ramón y Cajal y del Programa de Adolescentes y Familias de Proyecto Hombre Madrid.

“Las características son las propias de una adicción, como pérdida de control respecto a la conducta y consecuencias negativas en diversos aspectos de la vida, ya que abandonan sus amigos físicos, solo se relacionan vía on line, modifican sus actividades de ocio y con la familia, debido al tiempo que pasan en la red, aislándose”. Actualmente los psiquiatras abordan estas conductas con los instrumentos de terapia cognitiva-conductual como otras adicciones, adaptándolas a la realidad de los pacientes. “Solo si hay importante sintomatología afectiva o ansiosa utilizamos tratamiento específico para ello”.

El acoso escolar como antecedente del trastorno mental
En el Congreso Nacional de Psiquiatría también se abordan temas de actualidad para entender qué es lo que está pasando y poder tratar los problemas de salud mental que puedan estar generando. Hablamos por ejemplo del acoso escolar, una de las situaciones traumáticas que se identifican entre los antecedentes de muchos pacientes con trastorno mental, especialmente aquellos con un perfil más impulsivo y con conductas autoagresivas y que parecen imprimir, entre otros factores, una severidad a estos trastornos.

En España, un 1,6% de los menores sufren acoso escolar de manera continuada, un 5,7% lo sufriría de manera espontánea y un 13,4% reconoce haber sido agresor. Algunas de estas personas luego terminan arrastrando estos problemas en su etapa adulta. “Según los estudios que manejamos pueden crear dos tipos de trastornos: uno a largo plazo y otro a corto plazo. Primero vendrían los trastornos de sueño, pérdida de autoestima, aparición de síntomas depresivos, síntomas físicos, como cefaleas o problemas gastrointestinales, disminución del rendimiento escolar o el absentismo escolar”, afirma Marina Díaz–Marsá, presidenta de la Sociedad de Psiquiatría de Madrid y psiquiatra del Hospital Clínico San Carlos (Madrid). “Un porcentaje continuará con los problemas a largo plazo, cuando aparecerá depresión crónica, fobia social, trastorno de ansiedad generación, trastorno por estrés post-traumático o comportamientos autodestructivos, como autolesionarse, exponerse a situaciones de riesgo y el abuso de tóxicos como drogas o alcohol”.

La modalidad de ciberbulling produce además que el acoso sea más rápido, con un hostigamiento mayor y que no termina en la clase. “Las consecuencias es que la víctima no puede llegar a descansar, con lo cual hay encontramos un nivel mayor de ansiedad”, resalta Díaz-Marsá. Las estrategias que pueden seguirse para tratar el acoso en la víctima para paliar en la medida de lo posible sus consecuencias en su salud mental pasan por construir en los niños la capacidad de comportarse de manera constructiva, de asumir responsabilidades, de tomar conciencia del acoso escolar y sus consecuencias.

“Y no solo hay que reforzar a la víctima, sino reeducar al que acosa. En el agresor, se ve conductas criminalistas; y un abuso de alcohol y drogas en porcentajes mayores que en la población normal. Las personas que hayan realizado acoso escolar en su infancia o adolescencia tienen además una mayor propensión a conductas de violencia de género o maltrato infantil en la edad adulta. Tienen crear dificultad de relaciones interpersonales a largo plazo, de carácter tanto sociales como laborales”, concluye la especialista.

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