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Una revisión Cochrane compara diferentes técnicas quirúrgicas para la incontinencia urinaria femenina

La nueva revisión sistemática Cochrane sobre la cirugía para la incontinencia urinaria por esfuerzo contribuye de forma importante a un debate abierto y ayudará a que las mujeres tomen decisiones más informadas sobre su tratamiento. La inserción de un cabestrillo mediouretral, un tipo de cinta, para sostener los músculos de la vejiga, ya sea con la ingle o el abdomen, dan como resultado tasas de curación similares. Sin embargo, las mujeres necesitarán sopesar varios factores al escoger una operación debido a las diferencias en las complicaciones y el largo plazo necesario para repetir la intervención.

El equipo de investigadores incluyó información procedente de 81 ensayos en total, de los cuales 55 realizaban una comparación directa entre las vías retropúbica y transobturatriz. Hallaron pruebas de calidad moderada de que, al cabo de unos 12 meses, ambas vías de acceso habían curado los síntomas con éxito en un 80% de mujeres. De los pocos estudios que informaron datos a los cinco años, las tasas de curación en ambos grupos habían descendido al 70%.

La inserción transobturatriz pareció conllevar menos riesgo o daño a la vejiga durante la operación con unas 6 mujeres de cada 1.000 que lo experimentaron frente a 50 de cada 1.000 del grupo retropúbico. Además, menos mujeres (40 de cada 1.000) del grupo transobturatriz presentaron dificultades persistentes para evacuar la vejiga por completo en comparación con las 70 de cada 1.000 del grupo retropúbico.

Por contra, la operación transobturatriz dio lugar a mayor dolor en la ingle a corto plazo y existen pruebas limitadas de que las mujeres a las que se les practica una inserción por vía transobturatriz tienen más probabilidades de repetir la operación más adelante que las mujeres que se someten a una inserción retropúbica. Las tasas globales de erosión de la cinta a la vagina fueron del 2% tras ambas cirugías cuando los estudios completaron el seguimiento al cabo de entre uno y cinco años. Las tasas de dolor durante las relaciones sexuales también fueron bajas en ambos grupos.

Durante los últimos años han surgido muchas dudas acerca de la seguridad de la cirugía de continencia, ya que supone implantar una cinta compuesta por una malla artificial. Existen informes de mujeres que han sufrido dolor y lesiones tras la cirugía, que se cree que debe a la cinta, la cual está hecha de plástico no absorbente. Esto ha dado lugar a acciones legales en todo el mundo, con procesos abiertos en Reino Unido, EE UU y Canadá. En Escocia, el ministro de sanidad pidió a los hospitales que consideraran la suspensión de operaciones con malla hasta que se dispusiese de más datos al respecto. Una revisión independiente realizada en Escocia en 2014 para examinar la seguridad de estas intervenciones publicará sus resultados a finales de este año. Esta última revisión Cochrane es una de las fuentes de pruebas que contribuirá a los hallazgos de dicha revisión independiente.

La autora principal, Abigail Ford, del Bradford Teaching Hospitals , considera que “esta es una revisión muy importante que informa a las mujeres sobre las opciones quirúrgicas mínimamente invasivas disponibles para el tratamiento de esta afección tan debilitante. Ayuda a aclarar los datos preexistentes sobre la efectividad de estos accesos quirúrgicos y sus efectos secundarios a corto plazo, además de introducir pruebas a más largo plazo sobre eficacia y seguridad. Ayuda a proporcionar a las mujeres más información para tomar decisiones informadas”.

Según Ford, “comprender estas pruebas en su contexto es muy importante para las mujeres. Necesitan conocer las alternativas menos invasivas, como los ejercicios del suelo pélvico, que deben intentarse antes de considerar cualquier tipo de cirugía. Debido a los riesgos que conlleva cualquier intervención quirúrgica, las mujeres deben sopesar detenidamente su nivel de afectación por las pérdidas de orina y el hecho de correr el pequeño riesgo de que algo salga mal como resultado de la cirugía”.

Joseph Ogah, especialista en ginecología, considera que “necesitamos saber más acerca de lo que les ocurre a las mujeres a largo plazo. Esta revisión encontró 35 ensayos llevados a cabo hace más de 5 años: si a todas las mujeres de estos ensayos se les hubiera realizado un seguimiento sabríamos mucho más acerca del tiempo que dura la operación y, lo más importante, si desarrollaron efectos secundarios tardíos pero significativos. En lugar de comenzar un nuevo ensayo en este campo, necesitamos obtener seguimientos a largo plazo de los ya existentes”.

Ogah añade: “Aunque esta revisión compare las dos operaciones más habituales actualmente en práctica en el mundo desarrollado, necesitamos pruebas más sólidas que las comparen con los anteriores tipos de cirugía a los que han reemplazado; para ello, sería útil analizar comparaciones indirectas si no se dispone de pruebas directas o si estas no son lo suficientemente fiables”.

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