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El estrés familiar multiplica el riesgo de hipertensión, infarto de miocardio e ictus

  • 01 Septiembre 2014

El estrés familiar es un reconocido factor de riesgo cardiovascular que ha cobrado relevancia en el ESC Congress 2014 debido a su alta prevalencia entre la población actual. Según revela el estudio epidemiológico psicosocial MONICA, que ha realizado un cuestionario sobre conciencia y actitud en torno a la salud en una cohorte de población femenina en Rusia, las mujeres con estrés familiar elevado presentan 1,39 veces más riesgo de hipertensión arterial (HTA); 5,59 veces más probabilidad de infarto y 3,53 veces más riesgo de accidente cerebrovascular, en comparación con las que no sufren este trastorno.

En el estudio, que refleja un 21% de prevalencia de estrés familiar, se han analizado 870 mujeres con edades comprendidas entre los 25 y los 64 años –una muestra extraída del programa de la Organización Mundial de la Salud "MONICA-psychosocial" (MOPSY)-, de las que se realizó un seguimiento de 16 años en cuanto a incidencia de hipertensión, infarto de miocardio e ictus.
Como precisa el profesor José Ramón González-Juanatey, presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela, "el estrés familiar ya se había asociado en otros estudios previos a la enfermedad cardiovascular, y en concreto al infarto de miocardio. Se sabe que el estrés está vinculado a la hipertensión, ya que condiciona un aumento de la catecolamina, y probablemente al desarrollo de la diabetes, puesto que en el proceso intervienen un tipo de hormonas que promueven la resistencia a la insulina".
También es destacable la relación entre el estrés agudo y el crónico con la trombogenicidad de la sangre, "ya que se desencadena un incremento de la agregabilidad plaquetaria, que es la capacidad de la sangre para generar trombos en determinadas situaciones, propiciada por el aumento de los niveles de catecolaminas", explica Juanatey.
El estado civil es una variable influyente, puesto que, como se desprende del trabajo, las mujeres casadas sometidas a estrés en sus hogares registran mayores tasas de HTA, infarto agudo de miocardio e ictus. Un incremento también asociado, en especial en lo que respecta a la hipertensión arterial, a mujeres con estudios universitarios y vocacionales, en comparación con aquellas que han recibido educación básica o las que no sufren estrés en casa.
"Resulta sorprendente, ya que estudios previos han demostrado que las mujeres casadas, gracias a la estabilidad emocional, están expuestas a menor riesgo cardiovascular, y también se ha observado en otras investigaciones que la enfermedad cardiovascular se asocia a niveles socio-económicos más bajos, donde hay una alimentación peor y tienden a fumar más. Ahora bien, también es comprensible que un mayor número de cargas no sólo familiares, sino también laborales, condicionen un aumento del estrés", apunta el presidente de la SEC.
Puesto que se trata de un estudio representativo de un determinado subgrupo de población, Juanatey considera que "es interesante el contraste de los datos de este trabajo, que vuelve a reflejar la necesidad de manejar el estrés en la prevención cardiovascular, y resulta útil para comprender mejor los posibles mecanismos que vinculan estrés y enfermedad cardiovascular".
El riesgo cardiovascular persiste dos años después del infarto de miocardio
El cálculo del riesgo cardiovascular a largo plazo tras sufrir un primer infarto de miocardio es lo que ha evaluado otro estudio presentado hoy en el ESC Congress 2014, liderado por el Instituto Karolinska de Suecia.

Con el objetivo de estimar el riesgo de enfermedad cardiovascular durante el primer y el segundo año tras un infarto, se realizó un seguimiento de los pacientes suecos que lo habían sufrido entre julio de 2006 y junio de 2011 ajustando los ratios de riesgo por edad, género, o episodios previos de ictus, infarto de miocardio, diabetes e insuficiencia cardiaca.

"Se trata de un estudio muy interesante porque, al estar realizado a partir de un registro nacional, algo poco frecuente, refleja muy bien la práctica clínica habitual", matiza Antonio Fernández Ortiz, presidente de la Sección de Cardiopatía Isquémica y Cuidados Agudos Cardiovasculares de la SEC y cardiólogo del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Lo que han constatado en este estudio, que incluyó 97.254 pacientes con una media de edad de 74 años, es que todas las variables citadas son factores de riesgo independientes, asociados a una mayor vulnerabilidad (un 18,3%) de padecer un evento cardiovascular durante el primer año tras el infarto. Ahora bien, a pesar de que mejore el control de algunos factores de riesgo y se produzca una recuperación tras el primer infarto, aquellos pacientes que superan los primeros 12 meses sin un nuevo evento no reducen de forma significativa su vulnerabilidad durante el segundo año, en el que las probabilidades de un segundo infarto, de ictus o de mortalidad cardiovascular son del 11,3%.

A este respecto, Fernández Ortiz comenta que, "las medidas de prevención para evitar nuevos eventos después de un infarto deberían durar más de un año y mantenerse a largo plazo". Ahora bien, los resultados de este estudio están en línea con el debate actual sobre si se debe ampliar el tiempo de administración del doble tratamiento antiagregante (con aspirina más prasugrel o ticagrelor) después de un infarto, tratamiento que normalmente se indica durante un año.
"El problema es que los nuevos antiagregantes tienen un balance riesgo-beneficio que al cabo de los años se podría volver menos favorable debido al riesgo de hemorragias, algo que no ocurre, por ejemplo, con las estatinas, que son seguras a largo plazo. Por tanto, para el riesgo más allá de un año, el control de los factores de riesgo debería mantenerse siempre, y los tratamientos con un balance de riesgo-beneficio claramente demostrado, como las estatinas, deben continuar, si bien no está tan claro todavía para los nuevos antiagregantes", indica Fernández Ortiz.

Catástrofes naturales, crisis económica
Las catástrofes naturales, las condiciones límite y los episodios estresantes también influyen en la incidencia de enfermedad cardiovascular. Así ha quedado patente en una rueda de prensa del ESC Congress 2014 en la que se ha anunciado que el huracán Sandy aumentó el número de infartos en New Jersey en un 23% y la mortalidad a 30 días por causa cardiovascular en un 28%.

El estudio. realizado en Estados Unidos, comparó el número de infartos y el número de muertes por esta causa producidos durante las dos semanas que tuvo lugar el huracán con las dos semanas previas y las dos posteriores a la catástrofe. Además, también analizó las mismas semanas de los 5 años anteriores. "Tras examinar estos datos, los investigadores vieron que en las semanas de antes y en las de después de producirse el huracán, la incidencia de infartos era la misma, igual que en los años previos, mientras que durante el huracán esta incidencia aumentaba considerablemente, por lo que este trabajo es un ejemplo más de los efectos que tiene un episodio de estrés agudo en la salud cardiovascular", explica Xavier García-Moll, cardiólogo del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau.

"El estrés puede presentarse de dos formas, como un episodio agudo o uno crónico. Este estudio es un ejemplo de episodio agudo de estrés que desencadena mecanismos que acaban desarrollando un problema cardiovascular (infarto o muerte). Así, la elevación espontánea de factores como la frecuencia cardiaca, la presión arterial y los mediadores neurohormonales (como por ejemplo, la adrenalina) pueden favorecer la ruptura de las placas ateroscleróticas lo que a su vez puede desencadenar en la formación de coágulos que provocan el infarto", afirma el doctor.

García-Moll también fue el encargado de presentar otro estudio que pone de manifiesto cómo afecta el estrés crónico derivado de la crisis económica griega en la incidencia de infartos. Así, el trabajo retrospectivo también contabilizó los infartos producidos en un hospital griego en el periodo de pre-crisis (desde enero de 2003 hasta finales de 2007) y el periodo de crisis (desde principios de 2008 hasta agosto de 2012).
"El trabajo muestra un notable crecimiento en el número de infartos durante la época de crisis, especialmente entre las mujeres, entre las que se contabilizó un 86% más de infartos, mientras que entre los hombres, la incidencia de infartos creció en un 28%. Aunque este trabajo se ha realizado en un único centro, reafirma los resultados de otros estudios que muestran que el estrés crónico también afecta a la salud cardiovascular", concluye García-Moll.

El tabaco y sus efectos en la salud cardiovascularEl Dr. Enrique Galve, presidente de la Sección de Riesgo Vascular y Rehabilitación Cardiaca de la Sociedad Española de Cardiología y jefe de la Unidad de Insuficiencia Cardiaca del Hospital Vall d'Hebron, ha presentado dos estudios sobre los efectos del tabaco en el corazón.

El primero de ellos relaciona el consumo de tabaco con la incidencia de insuficiencia cardiaca. "Se trata de un estudio relevante porque relaciona por vez primera el consumo del tabaco con la insuficiencia cardiaca, en lugar de con la enfermedad coronaria tal y como habían hecho la mayoría de trabajos hasta ahora. Es importante centrarnos también en el padecimiento de insuficiencia cardiaca ya que se trata de la enfermedad cardiaca terminal", señala el Dr. Galve.

Así, tras realizar un seguimiento de siete años a casi 7.000 fumadores se vio que el consumo de tabaco favorecía la deformación longitudinal del ventrículo izquierdo, un marcador de fallo cardiaco, por lo que las probabilidades de padecer insuficiencia cardiaca entre fumadores era más elevada que entre los no fumadores, un 6% superior. "Lo relevante del trabajo es que esta mayor frecuencia de insuficiencia cardiaca se daba también entre los ex-fumadores y estaba directamente relacionada con la cantidad de tabaco consumido, por lo que permite dar todavía más voz si cabe a la necesidad de abandonar el tabaquismo", aclara el doctor.

Los efectos del cigarrillo electrónico también ha sido motivo de debate durante la rueda de prensa, ya que se ha presentado un trabajo que muestra que, contrariamente al cigarrillo convencional, el electrónico no afecta en la elasticidad y la rigidez de la aorta, por lo que el convencional sería más nocivo que el electrónico. "Los resultados de este estudio deben considerarse con precaución, ya que aunque es verdad que, según el trabajo, demuestra una menor afectación del cigarrillo electrónico respecto al convencional, se ha realizado el análisis en un aspecto muy técnico, por lo que son necesarios más estudios en una población más amplia, teniendo en cuenta todos los tipos de cigarrillo electrónico y con datos de eficacia clínica, para poder afirmar que los cigarrillos electrónicos son menos perjudiciales que los convencionales", explica Galve.

 

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