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El Alzheimer precisa de más investigación básica

El Alzheimer es hoy imposible de prevenir, se diagnostica habitualmente en estados avanzados y no existe ningún medicamento que ralentice la progresión. Según un estudio presentado por la Cleveland Clinic (Estados Unidos), el 99.6% de las terapias ensayadas han fracasado, lo que frena a buena parte de la industria a invertir en nuevos ensayos. Aún así, los científicos han hecho avances capitales en los últimos años sobre el origen de la enfermedad de Alzheimer y lejos de tirar la toalla son optimistas y aseguran que con más recursos e investigación se podrán desarrollar estrategias terapéuticas racionales.

Cerca de 160 científicos reunidos en la Conferencia Barcelona Biomed exponen hasta mañana viernes las novedades de investigación acerca de una de las marcas distintivas del Alzheimer, la proteína beta amiloide, componente principal de las placas características de esta enfermedad. "La inversión en investigación básica y aplicada es el único camino para encontrar las soluciones y si se invierte como se ha hecho con el cáncer –que hoy es 10 veces superior a la inversión para la investigación del Alzheimer-, los efectos sobre el desarrollo de tratamientos efectivos será extraordinario", han afirmado Christopher Dobson, de la Universidad de Cambridge, y Natàlia Carulla, del IRB Barcelona, coorganizadores de la Conferencia Barcelona Biomed impulsada por el Instituto de Investigación Biomédica (IRB Barcelona) con el apoyo de la Fundación BBVA.

 

Acompañados por la neuróloga e investigadora, Teresa Gómez-Isla, del Hospital General de Massachusetts, los tres científicos han explicado en rueda de prensa la amenaza que supone el Alzheimer y algunas de las líneas más prometedoras de investigación. El objetivo compartido de los participantes es que lleguen a los hospitales pruebas diagnósticas fiables que permitan detectar precozmente el Alzheimer y facilitar ensayos terapéuticos efectivos de nuevas moléculas que frenen y curen la enfermedad.

En un informe de 2013, la Alzheimer's Disease International, federación internacional que agrupa 79 asociaciones nacionales, estimaba que en el 2050 habrá 135 millones de personas con demencia. El Alzheimer es la más prevalente de todas ellas, y se está convirtiendo rápidamente en uno de los grandes retos para los sistemas de salud y la estabilidad social en muchas partes del mundo.

Los agregados de beta amiloide: el foco de la investigación en Alzheimer
Una de las marcas distintivas del Alzheimer es la progresiva agregación de la proteína beta amiloide en el cerebro que resulta en la formación de placas observadas en los cerebros de los afectados. Estas placas están compuestas por agregados fibrilares de la proteína beta amiloide, denominados fibras amiloide. Por este motivo, los científicos propusieron que las fibras amiloide tenían que ser los agentes que causaban la enfermedad. Después, sin embargo se observó que la correlación entre los niveles de placas amiloides en el cerebro y la severidad de la demencia era relativamente débil. Este hallazgo condujo a la formulación de nuevas hipótesis según las cuales los agregados más pequeños, formados antes del desarrollo de las fibras, serían los responsables del proceso de neurodegeneración.

"Lo que todavía está por determinar es qué agregados, de la multitud que adopta la beta amiloide en el proceso de agregación, son los más tóxicos y cómo ejercen dicha toxicidad. La falta de este conocimiento es una de las razones por las que han fracasado hasta ahora los ensayos clínicos para frenar la progresión de la enfermedad", explica Natàlia Carulla.

Entre los problemas a resolver y para el que los científicos han invertido los últimos 10 años de investigación, estaba la ausencia de herramientas y metodologías adecuadas para estudiar el proceso de agregación. "Es un proceso extremadamente heterogéneo y dinámico y teníamos que empezar casi desde cero porque los científicos que estudiamos los procesos biológicos no nos habíamos interesado por el proceso de agregación de proteínas hasta que se demostró que era clave en desórdenes como el Alzheimer" explica Dobson.

Desde su laboratorio de Cambridge, el grupo dirigido por este reconocido científico y divulgador británico ha hecho aportaciones fundamentales sobre el estudio de agregados de proteínas y la aplicación al estudio de beta amiloide y su función en Alzheimer.

En Barcelona, Carulla está identificando la naturaleza y estructura de las especies tóxicas de agregados de amiloide. "En este contexto de la importancia de los agregados pequeños y con nuevas herramientas sobre la mesa, mi investigación en el IRB está dando resultados que demuestran que determinados patrones estructurales de los agregados de beta amiloide son los responsables de la muerte de las neuronas", ha avanzado Carulla. El estudio de Carulla, financiado parcialmente por la Alzheimer Association norteamericana y que hará público próximamente ante la comunidad científica, abrirá la puerta a estudiar cómo esta forma de agregado actúa sobre las neuronas, lo que proporcionará información vital para estimular la búsqueda de nuevas moléculas terapéuticas para evitar que se forme y promover su rotura.

Biomarcadores 

Por su parte, Teresa Gómez-Isla ha destacado la necesidad urgente de poder diagnosticar la enfermedad antes de que ésta haya dado síntomas y producido un daño cerebral irreversible si se quieren aumentar las posibilidades de vencerla. "Sabemos que las placas de amiloide empiezan a acumularse en el cerebro unos 15 años antes de que aparezcan los primeros síntomas. Así que es posible que el fracaso de los ensayos clínicos se deba en parte a que estamos llegando demasiado tarde", advierte la investigadora. Una parte de la investigación de Gómez-Isla está centrada en la validación de biomarcadores de neuroimagen que respondan a este propósito. "Disponemos desde hace varios años de marcadores de imagen que nos permiten ver las placas de amiloide en vida y se acaba de poner en marcha el primer ensayo clínico preventivo con un fármaco antiamiloide en voluntarios mayores asintomáticos que tienen amiloide en su cerebro. Este ensayo nos permitirá aclarar si este tipo de tratamiento es útil o no para prevenir la aparición de la demencia".

Gómez-Isla también ha explicado que recientemente se han desarrollado los primeros marcadores de imagen para la proteína tau, en cuya validación están trabajando, y que podrían ser de gran utilidad para la detección precoz de la enfermedad y el diseño de ensayos preventivos. "Estudios recientes indican que en la enfermedad de Alzheimer las formas solubles alteradas de la proteína tau se propagan de unas neuronas a otras contagiándolas y dañando paulatinamente múltiples regiones del cerebro. Este descubrimiento es muy relevante porque apunta a una potencial nueva diana terapéutica diferente al amiloide y brinda la oportunidad de desarrollar nuevos fármacos destinados a detener este proceso", señala.

Una tercera parte del congreso está destinada a estrategias terapéuticas. Entre los conferenciantes figura Mercè Boada, directora médica de la Fundación ACE y jefa del Área de Enfermedades Degenerativas del Hospital Vall d'Hebron (Barcelona). Hace menos de un año que Boada dirige un estudio clínico con 350 pacientes para un tratamiento para el Alzheimer de la farmacéutica Grífols. El estudio AMBAR (Alzheimer Management By Amyloid Removal) ensaya el tratamiento combinado de plasmaféresis de albúmina humana para retirar del plasma de los pacientes los agregados de proteína beta amiloide.

 

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  • Modificado por última vez en Jueves, 10 Julio 2014 08:58
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