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Investigación de fármacos para pediatría: escasa, poco específica y repleta de obstáculos

Deliberar sobre las dificultades que subsisten actualmente en la investigación que se lleva a cabo en poblaciones pediátricas y proponer recomendaciones sobre el modo de reducirlas, manteniendo al mismo tiempo las máximas garantías éticas y legales, es el enorme reto que se plantean alcanzar los componentes de un grupo multidisciplinar de expertos recientemente creado.

Bajo el amparo del Instituto Roche, nace este grupo de trabajo de «Investigación Pediátrica clínica y traslacional en la era genómica», coordinado por Francisco J. de Abajo, del Departamento de Farmacología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid), y Aurora Navajas, de la Unidad de Hemato/Oncología Pediátrica del Hospital Universitario de Cruces (Vizcaya) y que actualmente preside la SEHOP (Sociedad Española de Hematología y Oncología Pediátricas). El grupo lo componen pediatras, farmacólogos clínicos, farmacéuticos, bioeticistas y juristas que trabajan en distintos ámbitos (hospitales, universidades, agencias reguladoras, industria farmacéutica).

Una de las tareas del Grupo de trabajo, quizá la más ambiciosa, es la preparación de una serie de recomendaciones sobre distintos aspectos controvertidos y de actualidad relacionados con la investigación pediátrica, unas directrices que se editarán como colofón de un documento más amplio y que serán presentadas durante una jornada después del verano.

Entre los temas revisados se hace hincapié en la normativa vigente en España donde se establece con bastante claridad las situaciones en las que se puede realizar investigación en niños, los procedimientos de control para que pueda llevarse a cabo y la forma de solicitar el consentimiento informado. Así, como adelanta Francisco J. de Abajo, «dentro de esta norma general hay todavía mucho que mejorar como, por ejemplo, la forma y el lenguaje que se utiliza para transmitir la información al menor». En este sentido, una de las novedades con las que contará el documento es un modelo de consentimiento informado para la donación de muestras a Biobancos adaptado al lenguaje infantil e ilustrado por www.23pares.com, gracias al apoyo de Mª José Calasanz. Este modelo estará posteriormente disponible para los profesionales sanitarios a través de internet.

Un colectivo vulnerable e infrainvestigado

Este Grupo surge, según explica Francisco J. de Abajo, «de la preocupación compartida por muchos (investigadores, promotores, miembros de comités de ética de la investigación y reguladores) sobre las dificultades que tiene la investigación clínica en poblaciones pediátricas». A modo de ejemplo, denuncia que «hay pocos medicamentos autorizados para su uso en niños y esto determina que ni las formulaciones ni las pautas sean las adecuadas para utilizarlas en ellos. Incluso, en aquellos fármacos que sí tienen un uso reconocido en niños, tampoco se dispone de las formulaciones apropiadas».

En esta misma línea, Aurora Navajas afirma que «existen escasos proyectos y ensayos clínicos fase I y fase II en niños, y la utilización de muchos fármacos se extrapola de los realizados en adultos con un permiso especial de off label o uso compasivo, con el riesgo añadido que supone no tener parámetros de eficacia y seguridad en las diferentes edades de los niños».

En este sentido, se considera que los progresos en Genómica pueden ofrecer enormes posibilidades de avance en este campo, «ayudándonos a entender mejor las diferentes enfermedades y los diferentes tipos de pacientes dentro de una misma enfermedad», apunta este farmacólogo de la Universidad de Alcalá de Henares. En opinión Francisco J. de Abajo, «en el campo del medicamento la genómica nos puede permitir conocer de antemano qué pacientes pueden experimentar una mayor eficacia y/o una menor toxicidad a los fármacos, lo cual permitirá aumentar la relación beneficio-riesgo de la terapéutica y mejorar considerablemente su eficiencia».

La población pediátrica es un grupo considerado vulnerable y, como tal, tanto la normativa legal vigente como las directrices éticas establecen la necesidad de que sean sujetos de especial protección. Sin embargo, como reconoce este experto, «esta especial protección ha sido con frecuencia mal interpretada, de tal modo que ha condicionado que apenas se realizaran estudios clínicos en enfermedades que les son propias o que tienen en ellos características especiales, o que no se llevaran a cabo ensayos con medicamentos apropiados para hacer frente a las mismas».

Ello ha conducido a una situación de desamparo y de carencia de medicamentos para los niños, situación que ha sido definida como de orfandad terapéutica. De hecho, la mayoría de los medicamentos existentes no recomiendan oficialmente su uso en niños, por lo que «los pediatras se ven, de algún modo, forzados a utilizarlos sin información específica en ellos», justifica Francisco J. de Abajo, quien se plantea si «entraña más riesgo realizar investigaciones con medicamentos que los niños necesitan o aceptar el uso de medicamentos en niños cuya eficacia y seguridad es desconocida en ellos»; a su juicio, no cabe duda: «parece más sensato hacer investigación».

En el año 2006 se aprobó un Reglamento en la Unión Europea que obligaba a las compañías farmacéuticas a realizar un desarrollo pediátrico del medicamento, a menos que se demostrara que el fármaco carece de aplicaciones en el niño. Por lo cual, cabe esperar que este Reglamento active notablemente la investigación de medicamentos en poblaciones pediátricas.

El gran olvidado: el niño con cáncer

Son múltiples los ejemplos de lagunas terapéuticas en pacientes pediátricos; sin embargo, resulta especialmente paradigmático el panorama que existe actualmente en el manejo del paciente pediátrico oncológico.

La supervivencia del cáncer infantil, que alcanza ya cifras del 80% en los países desarrollados, ha permitido conocer los efectos adversos del tratamiento recibido por estos niños a corto, medio y largo plazo sobre diferentes órganos del cuerpo. Además, los avances en estudios biológicos y moleculares de ciertos tipos tumorales están permitiendo estratificar los tratamientos de acuerdo al riesgo de la enfermedad: intensificando las terapias en aquellos pacientes con marcadores de peor pronóstico, y reduciéndolas y evitando así efectos adversos innecesarios en aquellos considerados de mejor riesgo de no presentar recaídas, contribuyendo a tratar a la carta a estos niños, indicó Navajas.

En este nuevo contexto, tal y como subraya Navajas, «las subespecialidades pediátricas proponemos que los niños afectados sean tratados con protocolos validados internacionalmente o se incluyan en ensayos clínicos nacionales e internacionales de carácter multidisciplinar para sumar experiencias y se puedan sacar conclusiones evidentes y con mayor potencia».

Actualmente, en España las sociedades científicas de especialidades pediátricas no cuentan con una oficina centralizada de data manager ni con monitores de ensayos clínicos a nivel estatal ni autonómico, y los protocolos se hacen habitualmente con el voluntarismo de los médicos que tratan al niño.

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  • Modificado por última vez en Martes, 23 Abril 2013 06:21

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